El gobierno iraní ha advertido que responderá de forma legal y enérgica a cualquier intento de convertir las protestas pacíficas de comerciantes y estudiantes en actos de violencia, mientras la devaluación del rial alcanza niveles históricos y el Mossad incita a la población a continuar su manifestación.
Contexto de la crisis
Desde el domingo 28 de diciembre de 2025, comerciantes del mercado de teléfonos móviles de Teherán comenzaron a cerrar sus locales en protesta por la caída del valor del rial. La moneda alcanzó un mínimo histórico en el mercado informal, superando los 1,4 millones de riales por dólar y 1,7 millones por euro, frente a los 820.000 y 855.000 de hace un año respectivamente.
Respuesta del gobierno
El fiscal general Mohammad Movahedi‑Azad declaró que las protestas pacíficas son comprensibles, pero advirtió que cualquier intento de transformar esas manifestaciones en actos de inseguridad, destrucción de la propiedad pública o “escenarios diseñados externamente” será enfrentado con una “respuesta legal, proporcionada y contundente”.
El presidente Masoud Pezeshkian solicitó a sus funcionarios atender las “demandas legítimas” de los comerciantes y ordenó al ministro del Interior iniciar diálogos con los representantes de los manifestantes para buscar soluciones responsables.
Apoyo externo y tensiones regionales
El servicio de inteligencia israelí Mossad utilizó su cuenta oficial en X para instar a la población iraní a seguir protestando, prometiendo apoyo “sobre el terreno”. Este mensaje se produce después de la reciente guerra de 12 días entre Irán e Israel en junio de 2025, que dejó al país con infraestructuras nucleares y de misiles dañadas.
Impacto económico y social
La hiperinflación y la devaluación del rial han paralizado el comercio de productos importados. Vendedores y compradores prefieren posponer transacciones ante la volatilidad de precios. Según la agencia IRNA, muchos comerciantes suspendieron sus ventas para evitar pérdidas.
Perspectivas
Las protestas, las que se consideran las más grandes desde el levantamiento de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, continúan extendiéndose a otras ciudades. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación el potencial de mayor represión o, por el contrario, de apertura de canales de diálogo.