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09/01/2026 07:06 • POLITICA • POLITICA
En la madrugada del 8 de enero de 2026, fuerzas militares rusas dispararon el misil balístico hipersónico Oreshnik contra la región occidental de Lviv, frontera con Polonia. El cohete, de medio alcance, liberó seis proyectiles que impactaron en objetivos que las autoridades locales describieron como "infraestructura crítica".
Simultáneamente, la capital ucraniana, Kiev, sufrió un bombardeo masivo compuesto por 36 misiles y 242 drones. El ataque provocó incendios en bloques de apartamentos, dejó cuatro muertos civiles y alrededor de 30 heridos. Además, la ciudad quedó sin suministro de agua y con cortes eléctricos prolongados, en medio de una nevada con temperaturas de -10 °C.
El Oreshnik es un misil balístico de medio alcance que alcanza una trayectoria suborbital a velocidad hipersónica (más de Mach?5). Desde esa altura, despliega seis cabezas explosivas que pueden ser nucleares o convencionales. Su velocidad y la corta ventana de tiempo para interceptarlo hacen que las defensas antiaéreas tradicionales tengan dificultades extremas para neutralizarlo.
Según los tratados bilaterales entre Estados Unidos y Rusia, el lanzamiento de este tipo de armas debe ser notificado a Washington con antelación. La Embajada estadounidense en Ucrania emitió un comunicado el jueves alertando sobre un inminente gran ataque ruso.
El Ministerio de Defensa ruso afirmó que el uso del Oreshnik fue una respuesta a un supuesto ataque con 91 drones perpetrado el 29 de diciembre de 2025 contra una residencia del presidente Putin en la región de Nóvgorod, al norte de Moscú. Las autoridades rusas aseguraron que todos los drones fueron neutralizados sin víctimas, pero anunciaron la intención de "represalias" contra objetivos ucranianos.
Ucrania y sus aliados occidentales desestimaron la acusación, señalando que no existen pruebas de que los drones hubieran tenido como objetivo la vivienda de Putin.
El ministro de Relaciones Exteriores ucraniano, Andrii Sibiga, solicitó una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU, calificando el ataque a Lviv como una "amenaza grave a la seguridad del continente europeo". El uso del Oreshnik cerca de la frontera de la UE y la OTAN incrementa la tensión entre Moscú y los aliados occidentales.
El Kremlin, por su parte, reiteró que revisará su postura en las negociaciones de paz y que cualquier acción percibida como "terrorismo de Estado" por parte de Kiev será castigada.
El Oreshnik ya había sido empleado por primera vez en 2024 contra la provincia ucraniana de Dnipropetrovsk. Desde entonces, su integración al arsenal ruso ha sido motivo de alarma en la comunidad internacional, dado su potencial nuclear y la dificultad de defensa ante su velocidad hipersónica.
Con la guerra en Ucrania entrando en su tercer año, este nuevo episodio subraya la escalada de la violencia y la complejidad de lograr un cese al fuego sostenible.