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21/01/2026 06:03 • POLITICA • POLITICA
En 2008, mientras compartía un café en Porlamar, el entonces gobernador de Nueva Esparta y futuro embajador de Venezuela en Rusia, Alexis Navarro, relató a su colega una frase que provenía de la cancillería rusa: «jugar a ridiculizar a Estados Unidos era un juego muy peligroso». Según Navarro, los rusos subrayaron que nunca se burlaban públicamente de los norteamericanos porque conocían las posibles repercusiones, y que existía una “línea roja” de respeto mutuo entre grandes potencias.
El mensaje llegó cuando Hugo Chávez era presidente. Sin embargo, el mandatario ya había cruzado esa línea en su discurso ante la ONU en 2006, diciendo: «aquí huele a azufre, por aquí pasó Satanás». A partir de ese momento, las provocaciones verbales y los desafíos públicos a Washington se convirtieron en una constante del estilo chavista, reforzadas por la creencia de que la vitanda de los EE.UU. no tendría consecuencias.
Durante más de dos décadas, la élite chavista mantuvo la idea de que podía insultar a la primera potencia mundial sin afrontar represalias. La advertencia rusa quedó relegada a un recuerdo, aunque la propia Rusia había aprendido, tras la Guerra Fría, que los conflictos entre grandes potencias rara vez se resuelven sin un costo estratégico.
El presidente Donald Trump lanzó la operación militar denominada “Resolución Absoluta”, que en minutos desmanteló la estructura de poder chavista en Venezuela. La acción culminó con la captura de Nicolás Maduro, quien había rechazado previamente la oferta rusa de asilo y garantías de seguridad. La rapidez y el alcance de la ofensiva demostraron que la “impunidad” que el chavismo había cultivado durante años llegó a su fin.
La confidencia de Navarro, transmitida en 2008, se confirmó veinte años después: la falta de respeto a la regla no escrita del mutuo reconocimiento entre potencias lleva a consecuencias “irreversibles”. Rusia, aliada histórica del chavismo, comprendía esas reglas; EE.UU. también. Lo que quedó claro es que el poder no se mantiene mediante bravuconadas televisadas, sino a través del entendimiento estratégico de los límites internacionales.
El fracaso del chavismo en atender la advertencia rusa refleja una incapacidad para leer el tablero geopolítico. La caída de Maduro no solo marca el fin de una era interna, sino también la materialización de una profecía que Moscú había anticipado desde sus respectivos corredores diplomáticos.