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26/01/2026 11:11 • ACTUALIDAD • ACTUALIDAD
El estudio de la cognición en especies no humanas ha pasado de ser una curiosidad a una disciplina consolidada. Investigadores de instituciones como National Geographic y universidades internacionales analizan memoria, emociones, empatía y aprendizaje experiencial, demostrando que la capacidad de resolver problemas y comunicarse está presente en múltiples linajes.
Según varios estudios citados por National Geographic, los cuervos fabrican y utilizan herramientas para obtener alimentos, resuelven rompecabezas complejos y pueden planificar acciones a futuro. Además, comparten conocimientos dentro de su grupo, lo que constituye una forma de inteligencia colectiva sofisticada.
Aunque son insectos, las hormigas poseen una sorprendente capacidad de aprendizaje y transmisión de rutas hacia fuentes de alimento. Su cerebro, proporcionalmente grande respecto al tamaño corporal, permite la cooperación y la adaptación de estrategias cuando cambian las condiciones ambientales, situándolas entre los ejemplos más claros de inteligencia social en invertebrados.
Con uno de los cerebros más grandes del reino animal, los delfines aprenden rápidamente, imitan conductas humanas y utilizan un repertorio de sonidos y gestos que constituye un lenguaje propio. Su capacidad para cooperar en la caza y cuidar a los miembros del grupo evidencia empatía social y autoconsciencia.
Los chimpancés comparten aproximadamente el 98?% de su ADN con los seres humanos. Estudios demuestran que pueden emplear cientos de símbolos para comunicarse, usar herramientas y transmitir conocimientos culturales dentro de sus comunidades, lo que los posiciona como una de las especies más cercanas a la inteligencia humana.
El cerebro de los elefantes supera en tamaño absoluto al humano. La investigación destaca su capacidad para recordar rutas, fuentes de agua y eventos sociales durante décadas, así como su tendencia a ayudar a individuos heridos o fallecidos, manifestando una empatía grupal notable.
Domesticados durante miles de años, los perros interpretan gestos, reconocen palabras y expresan emociones como alegría o ansiedad. Su habilidad para aprender rutinas, recordar órdenes y adaptarse a diferentes entornos familiares los convierte en un ejemplo de inteligencia social estrechamente ligada a los humanos.
Las ratas son frecuentemente usadas en laboratorios por su capacidad para memorizar rutas complejas, resolver laberintos y modificar estrategias frente a cambios en el entorno. Además, demuestran comportamientos cooperativos y empatía al ayudar a compañeras en situaciones de dificultad.
La evidencia científica muestra que la inteligencia animal es diversa y multifacética, involucrando desde el uso de herramientas en cuervos hasta la memoria a largo plazo en elefantes. Estos hallazgos invitan a repensar la relación entre humanos y otras especies, resaltando la necesidad de una convivencia basada en el respeto y la comprensión de capacidades cognitivas compartidas.
Fuente: Infobae