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El colosal solenoide de ITER: el imán que levanta un portaaviones y promete energía del futuro

04/02/2026 08:09 • Tecnologia

En el complejo de Cadarache, Francia, un imán de 18 metros de largo y casi mil toneladas genera un campo de 13 teslas, suficiente para levantar el peso de un portaaviones. Este solenoide central es la pieza clave del reactor ITER, cuyo objetivo es demostrar la viabilidad de la fusión nuclear como fuente limpia y casi ilimitada.

El proyecto ITER, una iniciativa internacional que reúne a 35 países, está construyendo el mayor experimento de fusión nuclear del planeta. En su corazón se encuentra el solenoide central, un cilindro de 18 metros de longitud y alrededor de 1?000 toneladas que produce un campo magnético de 13 teslas, unos 280?000 veces más intenso que el campo terrestre. Este campo es tan potente que, en teoría, podría levantar un portaaviones. Su función no es exhibir fuerza, sino confinar el plasma a temperaturas de varios cientos de millones de grados dentro del tokamak, una cámara en forma de anillo donde los átomos de deuterio y tritio se fusionan y liberan energía. El solenoide fue fabricado por General Atomics en Estados Unidos, transportado en piezas del tamaño de un avión comercial y ensamblado en Cadarache con precisión quirúrgica. Representa el primer sistema de confinamiento magnético de esta magnitud y es posible gracias a la cooperación de múltiples naciones que aportan diseño, materiales y logística. A diferencia de la energía nuclear de fisión, la fusión no genera residuos radiactivos de larga vida y utiliza combustibles abundantes como el deuterio, extraído del agua de mar. Sin embargo, ITER no está pensado para producir electricidad; su objetivo es validar la física y la ingeniería necesarias para que futuros reactores comerciales puedan generar energía a gran escala. Hasta la fecha, las reacciones de fusión sostenidas en ITER han alcanzado apenas 18 segundos, pero los científicos confían en que, de lograrse la viabilidad, la fusión podría transformar la matriz energética mundial a mediados del siglo, reduciendo la dependencia del carbón y del petróleo y disminuyendo la contaminación. Los críticos señalan que el proyecto avanza lentamente y que la urgencia climática requiere soluciones inmediatas, como la ampliación de fuentes renovables y la reducción del consumo. Aun así, el solenoide de ITER sigue siendo una hazaña de ingeniería y un símbolo de la cooperación científica internacional, mostrando que la humanidad puede imaginar y construir tecnologías que antes eran parte de la ciencia ficción.