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04/02/2026 11:18 • Actualidad
El objeto, catalogado como un NEO (Objeto Cercano a la Tierra), mide aproximadamente 60?metros de diámetro, con una incertidumbre de ±7?m. Los análisis de los telescopios espaciales, incluido el James Webb Space Telescope (JWST), y de observatorios terrestres como Gemini Norte, han revelado que se trata de un asteroide de tipo S, rico en silicatos, con forma aplanada y cuneiforme.
Una de sus características más destacadas es su rápida rotación: completa una vuelta cada 19,46?minutos, lo que indica una estructura sólida y no un aglomerado de fragmentos sueltos.
Los cálculos más recientes sitúan la probabilidad de que 2024?YR4 impacte la Luna en torno al 4,3?%. Aunque la cifra parece baja, es suficiente para que la comunidad científica mantenga una vigilancia estrecha hasta al menos 2028, cuando el asteroide volverá a ser observable desde la Tierra.
El posible choque está previsto para diciembre de 2032. De confirmarse, la energía liberada sería equivalente a seis millones de toneladas de TNT, aproximadamente 400 veces la bomba de Hiroshima. El impacto produciría un cráter de cerca de 1,200?metros de diámetro, comparable al famoso Cráter del Meteorito en Arizona, EE.?UU.
Un impacto lunar de esta magnitud permitiría, por primera vez, observar en tiempo real la formación de un cráter en nuestro satélite. El destello alcanzaría una brillantez similar a la de Júpiter y sería visible durante varias horas, aunque en Europa no se podría ver porque la Luna estaría bajo el horizonte.
Investigaciones lideradas por Yifan He (Universidad de Tsinghua) estiman que hasta 10,000?toneladas de material lunar podrían alcanzar la velocidad de escape y dispersarse en el espacio interplanetario, aumentando ligeramente la probabilidad de que fragmentos lleguen a la Tierra como meteoritos. Este escenario también plantea un riesgo potencial para satélites y estaciones espaciales debido a la mayor cantidad de escombros de alta velocidad.
Los científicos subrayan que, aun en caso de impacto, no habría alteraciones significativas en la órbita lunar, en las mareas ni en la estabilidad de la Tierra.
Más allá de la espectacularidad del fenómeno, el posible choque ofrece una oportunidad única para validar modelos de impacto, mejorar nuestras técnicas de seguimiento de objetos cercanos a la Tierra y reforzar los protocolos internacionales de defensa planetaria.
La información proviene de la agencia espacial NASA y de colaboraciones académicas internacionales, y se ha publicado en La Razón el 3 de febrero de 2026.