14/02/2026 21:15 • Internacionales
La mujer francesa que descubrió que su esposo la drogaba y facilitaba su violación a más de 50 hombres durante 10 años, rompió su silencio con un libro conmovedor. Tras 50 años de matrimonio, decidió que "la vergüenza cambiara de bando" y se convirtió en símbolo de resistencia mundial.
Una vida destrozada y reconstruida: la historia de Gisèle Pelicot
"Es hora de que la vergüenza cambie de bando". Con esa poderosa frase, la francesa
Gisèle Pelicot sintetizó el vuelco que dio su vida y el de toda Francia cuando, tras
medio siglo de matrimonio, descubrió que su esposo la había drogado sistemáticamente durante
una década para que
más de ochenta hombres la violaran mientras él grababa todo.
El descubrimiento que cambió todo
El caso salió a la luz en
2022, después de que un guardia de seguridad sorprendiera al marido de Gisèle grabando bajo la falda de varias clientas en un supermercado. La policía intervino el teléfono celular y la computadora del hombre. Poco después, en la comisaría, Gisèle fue separada de su esposo y enfrentada a la evidencia:
miles de fotos, vídeos y mensajes que documentaban los abusos y la promoción de encuentros sexuales con su esposa inconsciente.
La noticia destruyó de forma abrupta los recuerdos de cincuenta años de convivencia, convirtiendo su historia en una mezcla de felicidad, traición y terror. La revelación no solo marcó el inicio de una investigación judicial sin precedentes, sino que también la transformó en un símbolo de resistencia y en la voz de quienes exigen que la culpa recaiga en los agresores y no en las víctimas.
El libro: "Un himno a la vida"
Gisèle Pelicot reapareció ante la opinión pública en
enero de 2026 en París para presentar
"Un himno a la vida", el libro en el que relata, junto a la periodista
Judith Perrignon, la brutalidad de los hechos y el proceso de reconstrucción personal que siguió al escándalo. La publicación coincide con un momento clave: Francia aún digiere el impacto social y legal del caso, y la propia Gisèle emerge como un referente internacional en la lucha contra la violencia sexual.
Las noches de horror
Durante años, Gisèle preparaba cada noche la mesa del desayuno, un hábito que con el tiempo entendió como un mecanismo inconsciente para evitar el recuerdo de las noches. Mientras tanto, al otro lado de la puerta, su marido tejía un entramado de abusos sin que nadie, ni siquiera sus hijos o nietos, sospechara nada.
La rutina se rompió con una llamada de la comisaría. Creyó que se trataba de un trámite más, un incidente menor tras el episodio del supermercado. Al llegar, la separaron de su esposo y un agente le mostró imágenes y vídeos que no podía imaginar. Ahí empezó la segunda mitad de su vida: la conciencia de haber sido víctima de una traición inimaginable.
El papel de internet y la pornografía
En la computadora requisada por la policía se hallaron miles de grabaciones y mensajes. En ellos, el agresor ofrecía en una web de contactos la posibilidad de abusar de su esposa inconsciente. La acción del vigilante del supermercado y la perseverancia del policía Perret resultaron determinantes para esclarecer el caso y salvar la vida de Gisèle.
La investigación policial confirmó que
al menos 50 hombres participaron activamente en los hechos y que la
sumisión química fue el instrumento central de la violencia. Según las pruebas, los agresores actuaron con pleno conocimiento de que Gisèle se hallaba sedada.
Gisèle advierte sobre la facilidad con la que se organizan abusos a través de internet y sobre el acceso ilimitado de los jóvenes a la pornografía:
"Hay que limitarlo, hay que restringirlo, poner códigos. Y hay que educar en el colegio, hablar de todo eso. Si uno entra en ese engranaje, es muy difícil salir. Es como la droga, una adicción."
Un juicio histórico y público
En el juicio, Gisèle Pelicot tomó una decisión histórica: solicitó que el proceso se celebrara de forma pública para evitar que la vergüenza recayera sobre la víctima.
"Me propuse que la vergüenza cambiase de bando: un juicio de este tipo suele ser una doble pena para las víctimas. Había que trabajar para el colectivo luchando contra esa vergüenza", afirmó.
La exposición mediática fue total. En la sala del tribunal, Gisèle se enfrentó a
44 abogados y a la mirada de los acusados. Pese a la presión, mantuvo la dignidad sin dejarse arrastrar por el odio.
Sobre el odio y la reconstrucción
Gisèle reconoce que, tras el juicio, su vida era
"un campo de ruinas", pero afirma:
"Pude hacer un proceso de introspección y un balance de mi vida. Estoy intentando reconstruirla. Y la verdad es que va bien."
Sobre si es posible separar los recuerdos felices de los años de matrimonio del horror vivido, Gisèle responde:
"Intenté guardar lo mejor que viví con el señor Pelicot. Necesitaba saber que esos 50 años no eran solo una mentira. Separé lo negativo, los traumatismos, los encerré en un cofre y tiré la llave. Solo guardo lo mejor. Viví mucho con él, nos enamoramos muy jóvenes y tuvimos tres hijos. Y eso no lo puedo borrar. A algunos les parecerá raro o sorprendente. Pero no conservo ni odio ni rabia. Solo un sentimiento de traición, de impotencia e indignación. El odio y la rabia te destruyen."
El impacto en la familia
El estallido del caso tuvo un efecto devastador en la familia de Gisèle. La relación con sus hijos, especialmente con su hija Caroline, sufrió una ruptura profunda. Durante el proceso judicial, Caroline y uno de los hijos de Gisèle se distanciaron de ella, incapaces de comprender algunas de sus decisiones y abrumados por la sospecha de que el padre también pudo haber abusado de la hija.
Gisèle reconoce la fractura:
"Es falso que los dramas unen a las familias. Un drama de este tipo es una deflagración que se lo lleva todo por delante. Y cada uno intenta reconstruirse como puede, como sabe. Y para Caroline fue muy duro. Y, además, tiene una duda que puede ser una condena perpetua."
Un mensaje de esperanza
A pesar de todo, Gisèle rechaza vivir en el odio. Su objetivo es aprovechar los años que le quedan, rodeada de afectos y colaborando para que otras víctimas encuentren esperanza.
"Podemos atravesar pruebas muy difíciles en nuestras vidas, pero tenemos recursos de los que no somos conscientes."
¿Qué es la sumisión química?
La
sumisión química es una práctica delictiva que consiste en administrar sustancias psicotrópicas o fármacos a una persona sin su consentimiento, con el objetivo de anular su voluntad y facilitar agresiones, generalmente de naturaleza sexual. En el caso de Gisèle Pelicot, su esposo la drogaba sistemáticamente para que permaneciera inconsciente mientras los agresores actuaban.
Contexto legal en Francia
La aprobación reciente en Francia de una ley sobre la definición del consentimiento representa un avance, aunque insuficiente según Gisèle:
"La mentalidad debe cambiar. Por mucho que votemos leyes, no cambiará si no se modifica la educación de los chicos, se inculca el respeto al prójimo."
La experiencia de Gisèle Pelicot expuso no solo la brutalidad de los hechos, sino la negación social y la revictimización que enfrentan las mujeres en el sistema judicial y médico. Gisèle fue cuestionada, incluso por especialistas, sobre la posibilidad de no haber notado nada.
"No comprendían que sufrí anestesias generales. Me trataron como si fuera culpable. Por eso digo que esta sociedad cultiva la negación. Y eso debe cambiar."
Fuente: Infobae, basado en entrevista de El País Semanal a Gisèle Pelicot.