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30/10/2025 00:06 • POLITICA
El 20 de junio de 2024 la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que condena el embargo económico impuesto por Estados Unidos a Cuba desde 1960. La propuesta reunió 190 votos a favor, 2 en contra (Estados Unidos e Israel) y 3 abstenciones. La iniciativa, respaldada por más de 150 países, buscaba revocar la sanción que, según la mayoría de la comunidad internacional, vulnera los derechos humanos y el desarrollo de la isla caribeña.
En una inesperada jugada, el presidente Javier Milei instruyó a su equipo diplomático a votar en contra de la resolución. Según fuentes oficiales, la medida forma parte de una política más amplia de acercamiento a la administración de Donald Trump, cuyo mandato terminó en 2021 pero sigue influyendo en la agenda conservadora internacional.
El voto contrario generó críticas de partidos opositores y de organizaciones de la sociedad civil, que lo calificaron de “alineación con intereses estadounidenses” y una “desconexión con la tradición argentina de apoyo a Cuba”. Por otro lado, sectores conservadores del país respaldaron la decisión como muestra de la nueva postura libertaria y anti?intervencionista del gobierno.
Varios gobiernos latinoamericanos, incluidos Brasil, México y Chile, expresaron su desaprobación y reiteraron su compromiso con la eliminación del embargo. La postura de Argentina aisló al país dentro del bloque regional y generó interrogantes sobre su futuro papel en foros multilaterales.
El alineamiento con la política de Trump podría marcar un giro significativo en la diplomacia argentina, tradicionalmente orientada hacia el multilateralismo y la defensa de la soberanía de los países del Cono Sur. Analistas advierten que la decisión podría repercutir en relaciones bilaterales, comercio y cooperación en áreas como energía y agricultura.