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30/10/2025 16:33 • ECONOMIA
Desde 2018, la relación comercial entre Estados Unidos y China se ha visto marcada por la imposición mutua de aranceles que afectaron a miles de millones de dólares en mercancías. La tensión ha impactado sectores como la tecnología, la agricultura y la manufactura, generando incertidumbre en los mercados internacionales.
El 30 de octubre de 2025 se confirmó que Donald Trump, candidato a la presidencia y líder del Partido Republicano, mantendrá una reunión bilateral con Xi Jinping, presidente de la República Popular China. Ambas partes buscan “encuentrar una salida negociada” que permita estabilizar el flujo comercial y evitar una mayor escalada de medidas proteccionistas.
Durante la conversación, Trump acordó calmar la disputa y anunció una reducción de varios aranceles aplicados a productos chinos. Los detalles exactos de los porcentajes no fueron publicados, pero se señaló que la medida cubrirá sectores clave como la electrónica de consumo y algunos bienes de consumo duradero.
En paralelo, el gobierno estadounidense decidió postergar por un año la aplicación de nuevas restricciones sobre exportaciones dirigidas a empresas chinas, medida que había sido anunciada previamente por la Oficina de Industria y Seguridad. Esta extensión busca dar tiempo a las negociaciones para definir un marco regulatorio más estable.
Xi Jinping también anunció que China iniciará un proceso de compra de “energía estadounidense”, abriendo el mercado chino a exportaciones de gas natural licuado (GNL) y petróleo de origen norteamericano. La iniciativa está alineada con la estrategia de diversificar fuentes energéticas y reducir la dependencia de proveedores tradicionales.
Analistas de política económica consideran que la reunión podría marcar el inicio de una “tregua comercial” que beneficie a ambos países y reduzca la presión sobre los precios globales. Sin embargo, expertos advierten que el éxito dependerá de la capacidad de las partes para concretar compromisos firmes y evitar retrocesos.