26/05/2026 15:25 - Politica
Mapa estilizado de Argentina con una balanza simbólica sobre la provincia de Buenos Aires y el resto del país, mostrando un desequilibrio evidente.
La confianza en el gobierno de Javier Milei ya no se distribuye de manera uniforme. El desgaste avanza más rápido en el Gran Buenos Aires que en el interior del país y empieza a dibujar una fractura política distinta a la tradicional grieta entre kirchnerismo y antikirchnerismo. Lo que muestran los datos es otra cosa: una diferencia territorial sobre cómo se vive, se interpreta y se tolera el ajuste.
El nuevo Índice de Confianza en el Gobierno elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella volvió a registrar en mayo una caída mensual y confirmó cinco descensos consecutivos en 2026. El indicador nacional quedó en 1,99 puntos sobre cinco, con una baja de 1,6% respecto de abril y de 18,7% en comparación con el mismo mes del año pasado.
Sin embargo, el dato más relevante aparece cuando se desarma el promedio nacional. En el interior del país, el ICG alcanzó 2,17 puntos, en la Ciudad de Buenos Aires llegó a 1,91 y en el Gran Buenos Aires descendió hasta 1,65.
Traducido a porcentajes, hablamos de un 43,4% de apoyo en el interior contra un 38,2% en el GBA. La distancia empieza a adquirir espesor político. El Gobierno encuentra en las provincias una reserva de legitimidad que va perdiendo en los grandes cordones urbanos bonaerenses.
Fuente: La Voz del InteriorEl informe de mayo también muestra señales de desgaste en segmentos que habían acompañado con fuerza al oficialismo. El índice cayó con intensidad entre las mujeres y entre las personas de 30 a 49 años. En este último grupo el ICG descendió hasta 1,72 puntos.
Hay además un dato político delicado para el Gobierno. El componente “Capacidad” volvió a caer y marcó el nivel más bajo desde el inicio de la gestión. También retrocedieron los indicadores vinculados a honestidad y preocupación por el interés general.
En el interior, el ajuste todavía convive con una expectativa de estabilidad futura. En el conurbano, donde el deterioro de ingresos golpea sobre sectores más dependientes del consumo y de la asistencia estatal, el respaldo aparece mucho más erosionado. La inflación bajó respecto de 2024, aunque eso no se tradujo en una sensación de mejora para buena parte de los hogares metropolitanos.
También existe una diferencia en la percepción del Estado. En muchas provincias, el discurso de reducción estatal encuentra receptividad histórica. En el Gran Buenos Aires ocurre lo contrario: el entramado estatal atraviesa empleo, asistencia, transporte y seguridad. Para una parte del interior, el ajuste puede interpretarse como un costo transitorio. Para amplios sectores urbanos del Amba aparece como pérdida inmediata.
Según un relevamiento de Zentrix Consultora, Proyección Consultores, Giacobbe y Asociados y Management & Fit, la confianza pública cayó de 2,08 a 1,88 puntos entre febrero y mayo, la evaluación positiva descendió del 58,5% al 34% y un 63% considera necesario un cambio de rumbo económico.
Aun así, el núcleo duro de apoyo permanece relativamente sólido. Entre quienes creen que la situación económica mejorará dentro de un año, el índice alcanza 4,17 puntos. La confianza en Milei sigue funcionando más como una apuesta futura que como una evaluación presente. Córdoba sintetiza ese fenómeno: el oficialismo mantiene niveles de apoyo superiores a la media nacional incluso en medio de caída industrial y deterioro del consumo.
La paradoja es evidente. Durante décadas, los presidentes argentinos necesitaron construir poder desde el conurbano bonaerense para sostener gobernabilidad. Milei invirtió parcialmente esa lógica. La incógnita es si esa estructura alcanza para sostener en el tiempo una administración que atraviesa su fase más delicada de desgaste. El ICG todavía ubica al gobierno libertario por encima de la experiencia de Alberto Fernández y cerca de los niveles que mostraba Mauricio Macri en el mismo tramo de mandato.
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones