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14/11/2025 15:15 • POLITICA • POLITICA
En enero de 2025 la Marina de los Estados Unidos puso en marcha la operación “Lanza del Sur” (South Lance) en el Caribe. El ejercicio consiste en desplegar una Carrier Strike Group –un grupo de ataque liderado por un portaaviones con aviones de combate, buques de soporte y submarinos– para ejercer presión estratégica sobre gobiernos que Washington considera una amenaza a la seguridad regional.
El USS Gerald R. Ford es la plataforma de combate más avanzada y letal del mundo. Con una tripulación de unos 4.500 marinos, lleva a bordo más de 75 aviones, entre cazas F/A?18E/F Super Hornet, aviones de alerta temprana E?2D Hawkeye y helicópteros de apoyo. Su sistema de lanzamiento electromagnético (EMALS) permite despachar aviones en menos de mitad del tiempo que los portaaviones de la generación anterior.
Desde 2017 EE. UU. ha impuesto una serie de sanciones económicas a Venezuela, prohibiendo transacciones financieras, bloqueando el acceso a mercados internacionales y congelando activos de funcionarios del gobierno de Nicolás Maduro. Sin embargo, la medida de “Lanza del Sur” deja claro que Washington ha pasado de la fase de sanciones negociables a una postura de confrontación directa, buscando forzar un cambio de régimen o, al menos, debilitar la capacidad de resistencia del gobierno.
Según el estudio publicado por el Centro de Estudios Estratégicos de América Latina, la operación indica que “ya no se negocian sanciones, se discute supervivencia”. Los expertos señalan que la presencia del portaaviones en aguas cercanas a la costa venezolana incrementa la presión diplomática, facilita posibles operaciones de inteligencia y abre la puerta a intervenciones militares limitadas bajo el pretexto de proteger a la población civil.
El gobierno venezolano calificó la maniobra como una “amenaza directa a su soberanía” y ha convocado a una sesión extraordinaria de su Asamblea Nacional para evaluar medidas de defensa. Por su parte, la Organización de Estados Americanos (OEA) ha pedido “diálogo constructivo”, mientras que aliados tradicionales de Venezuela, como Rusia y China, han expresado su “apoyo incondicional” al presidente Maduro.
Si la presión persiste, se espera una escalada de medidas: posibles bloqueos adicionales, restricciones a la exportación de petróleo y, en el peor escenario, una intervención militar limitada. La población venezolana, ya afectada por la hiperinflación y la escasez, podría enfrentar una nueva ola de dificultades, mientras que la comunidad internacional se prepara para un debate sobre la legitimidad de acciones coercitivas en el siglo XXI.