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19/11/2025 21:05 • POLITICA • POLITICA
Jamal Khashoggi, columnista del Washington Post y crítico abierto del príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman (MBS), fue asesinado el 2 de octubre de 2018 dentro del consulado saudí en Estambul, Turquía. Investigaciones de la CIA y de la fiscalía sueca concluyeron que el asesinato fue planeado y ejecutado por agentes vinculados directamente al gobierno saudí. El caso desencadenó una ola de condenas internacionales y sanciones puntuales contra funcionarios saudíes.
En mayo de 2017, Donald Trump visitó Arabia Saudí y organizó una cena en la que se reunió con cientos de empresarios, legisladores y el propio bin Salman. La imagen del presidente estadounidense estrechando la mano al príncipe heredero se difundió como símbolo de la alianza estratégica entre EE. UU. y el reino del Golfo, enfocada en ventas de armas y energía.
Tras la publicación del informe de la CIA, que señaló la responsabilidad directa de MBS, Trump describió el asesinato como "un trágico incidente" y minimizó la implicación del príncipe. En una entrevista en 2019, el expresidente afirmó que los lazos comerciales y de seguridad con Arabia Saudí eran más importantes que el caso, intentando preservar la relación bilateral.
El escándalo afectó la reputación de los contratos de armas estadounidenses con Arabia Saudí, aunque la venta de sistemas F?35 y de armamento convencional continuó. La presión de grupos de derechos humanos y de algunos congresistas estadounidenses buscó limitar futuros acuerdos, pero el ejecutivo de Trump mantuvo la política de "Saudi first" hasta el final de su mandato.
El caso Khashoggi ilustra cómo los intereses geopolíticos pueden sobreponerse a los valores democráticos y de derechos humanos. Asimismo, muestra la vulnerabilidad de las democracias frente a alianzas económicas con regímenes autoritarios, tema que sigue vigente en la agenda internacional.