La industria metalúrgica, uno de los pilares de la manufactura argentina, registró una caída del 4,6 % en octubre de 2024 y su nivel de utilización de capacidad se mantuvo en los niveles de la pandemia. Frente a este deterioro, las principales empresas del sector alertan sobre la imposición de nuevos despidos en los próximos meses.
Una caída histórica en la producción
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la producción de la industria metalúrgica descendió un 4,6 % en octubre de 2024 respecto al mes anterior. El descenso se intensifica respecto a los 20 puntos que la industria ya había perdido frente a los niveles registrados en 2023.
Capacidad instalada estancada
El uso de la capacidad instalada, indicador que mide cuán cerca está la producción de ocupar todo el potencial de las fábricas, se mantuvo en torno al 55 %, prácticamente idéntico a los niveles observados durante la pandemia de COVID‑19. Este estancamiento refleja la falta de demanda interna y la escasa reactivación de la inversión.
Empresas anuncian nuevos despidos
Frente al escenario adverso, los directivos de las principales compañías metalúrgicas —como Ternium, Acindar y Aluar— anunciaron planes de reducción de personal que podrían afectar a entre 3.000 y 5.000 trabajadores en los próximos trimestres. La medida busca ajustar los costos operativos a la caída de la demanda y a la presión inflacionaria que afecta los márgenes del sector.
Contexto macroeconómico
La industria metalúrgica es fundamental para la cadena productiva del país, ya que provee insumos a sectores como la construcción, la automoción y la energía. Su deterioro se inscribe en un contexto de alta inflación, peso argentino debilitado y políticas de estímulo fiscal que no lograron reactivar la demanda interna.
Perspectivas
Los analistas del sector advierten que, sin una mejora sustancial en la demanda interna o la apertura de nuevos mercados de exportación, la tendencia a la baja podría mantenerse durante el resto de 2025. Asimismo, señalan que la reactivación de la capacidad instalada dependerá de la estabilidad del entorno económico y de la capacidad del gobierno para impulsar políticas que favorezcan la inversión productiva.