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El salmón Chinook conquista la Patagonia: un gigante invasor que transforma ríos y economías

Una investigación conjunta de científicos argentinos, chilenos y norteamericanos revela que el salmón Chinook, el más grande del Pacífico, se ha establecido en más de 48 cuencas patagónicas, alterando ecosistemas y generando debate entre conservación y turismo de pesca.

El salmón Chinook (Oncorhynchus tshawytscha), originario del Pacífico norteamericano, es el mayor de los salmones, con tamaños que superan el metro y medio y pesos que pueden alcanzar los 60 kilos. Su ciclo anádromo –nace en agua dulce, crece en el océano y regresa al río natal para desovar y morir– lo convierte en un exitoso colonizador. En la década de 1970 la especie fue introducida en Chile con fines productivos; desde allí comenzó a dispersarse de forma natural por la red hidrográfica de la Patagonia. En tan solo cinco décadas logró establecer poblaciones autosustentables en al menos 48 cuencas que desembocan tanto en el Pacífico como en el Atlántico, desde Tierra del Fuego hasta Neuquén. Un estudio publicado en la revista Frontiers in Marine Science, liderado por el CONICET (Centro para el Estudio de Sistemas Marinos), la Universidad de Concepción, el Núcleo Milenio INVASAL y la Universidad de California‑Santa Cruz, utilizó análisis genético de alta resolución para rastrear el origen y la ruta de expansión. Las muestras tomadas en el río De las Vueltas, afluente del alto Santa Cruz, mostraron una mezcla de linajes: la mayoría comparte origen con poblaciones chilenas de Aysén, mientras una fracción proviene de cuencas del propio Santa Cruz. El río Santa Cruz actúa como un corredor biológico que redistribuye la diversidad genética hacia otras cuencas como el Limay. La diversidad genética detectada es comparable o superior a la de los linajes fundadores de la costa noroeste de América del Norte, un hallazgo inesperado para una especie recién establecida. El impacto ambiental es múltiple. Durante el desove los adultos construyen nidos que alteran el lecho del río, remueven sedimentos y modifican la estructura del hábitat. La muerte masiva de los adultos aporta grandes cantidades de nitrógeno y fósforo a sistemas que históricamente son pobres en nutrientes, lo que puede desencadenar desequilibrios en la comunidad de algas, invertebrados y microorganismos. Además, los juveniles compiten con especies autóctonas como la lamprea patagónica y con otras especies introducidas, como la trucha arcoíris, afectando la cadena trófica local. Desde el punto de vista económico, la presencia del Chinook ha impulsado una floreciente industria de pesca deportiva. Pescadores de todo el mundo acuden a ríos como el Santa Cruz, el Gallegos o el Limay en busca del “Rey”, generando ingresos para la hotelería, guías locales y servicios asociados. Sin embargo, la acumulación de cadáveres durante la época de desove genera problemas sanitarios, olores persistentes y deterioro del paisaje, lo que afecta la experiencia turística y plantea desafíos de gestión. Las autoridades, como la Secretaría de Pesca y Acuicultura de la provincia de Santa Cruz, evalúan la apertura de una pesquería comercial, mientras que en las áreas protegidas se busca limitar o erradicar la especie, aunque los diques y otras barreras físicas dificultan su control. Los investigadores proponen un monitoreo genético continuo para detectar nuevas colonizaciones y diseñar políticas que equilibren la protección de la biodiversidad con el aprovechamiento económico responsable. El debate sigue abierto: ¿debe frenarse la expansión del Chinook o gestionarse como recurso sostenible? La respuesta dependerá de decisiones basadas en evidencia científica y en la participación de comunidades locales, autoridades y el sector privado. Fuente: https://agroempresario.com/publicacion/114511/el-avance-del-salmon-chinook-en-la-patagonia-ciencia-impacto-ambiental-y-un-debate-abierto/?cat=