Un equipo internacional, usando los telescopios espaciales XMM‑Newton (ESA) y XRISM (JAXA/ESA/NASA), detectó una explosión inédita en el agujero negro de la galaxia NGC 3783. La rápida llamarada de rayos X desencadenó vientos que alcanzaron 60 000 km/s, una quinta parte de la velocidad de la luz, ofreciendo una ventana única al comportamiento extremo de los núcleos galácticos activos.
Un hallazgo sin precedentes
El 4 de enero de 2026, una campaña de observación conjunta de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) capturó una explosión en el agujero negro supermasivo de la galaxia espiral NGC 3783. Utilizando los telescopios de rayos X XMM‑Newton y XRISM, los científicos registraron una brillante llamarada de rayos X que, al desvanecerse, dio origen a vientos ultrarrápidos que alcanzaron velocidades de 60 000 km por segundo, equivalentes a una quinta parte de la velocidad de la luz.
¿Cómo se generó el viento?
Según el investigador principal Liyi Gu (SRON, Países Bajos), el fenómeno se produjo por un “desenrollamiento súbito del campo magnético del núcleo galáctico activo (AGN)”. Este proceso es análogo a las llamaradas solares, pero escalado a niveles de energía y magnitud que superan con creces los eventos observados en nuestro Sol.
Características del agujero negro
El agujero negro estudiado posee una masa aproximada de 30 millones de veces la del Sol**, situándolo entre los objetos más masivos del universo observable. Al alimentarse de materia circundante, genera un núcleo galáctico activo que irradia intensamente en múltiples longitudes de onda y lanza chorros y vientos energéticos al espacio intergaláctico.
Importancia del descubrimiento
Este es el primer caso documentado en que un agujero negro produce vientos tan rápidos en tan solo unas horas tras una ráfaga de rayos X. El hallazgo, publicado en la revista Astronomy & Astrophysics, abre nuevas preguntas sobre la relación entre el magnetismo, la expulsión de materia y la evolución de las galaxias anfitrionas.
Colaboración internacional
El éxito del estudio destaca la cooperación entre XMM‑Newton (más de 25 años en órbita) y XRISM (lanzado en septiembre de 2023). Ambos instrumentos fueron indispensables: XMM‑Newton rastreó la evolución temporal de la explosión, mientras que XRISM, con su espectrómetro Resolve, analizó la velocidad y composición de los vientos.
Para más detalles, consulte la nota original en Infobae.