El 4 de enero de 2026 el oficialismo de Javier Milei inicia el año con una consolidación política histórica, pero enfrenta un panorama económico delicado: falta de credibilidad cambiaria, ausencia de un programa financiero y vencimientos de deuda que amenazan la estabilidad.
Una segunda fase de “luna de miel” política
Según el economista Fabio Rodríguez, socio director de M&R Asociados, el Gobierno de Milei llega al 2026 tras lograr una “consolidación política” sin precedentes: dos leyes aprobadas con mayoría aplastante, respaldo implícito de EE.UU. y un Congreso favorable. Esta coyuntura se ha bautizado como una segunda “luna de miel” que podría extenderse hasta abril, siempre que el ejecutivo mantenga el ímpetu reformista.
Los retos estructurales que se avecinan
El análisis de Rodríguez señala tres frentes críticos:
- Tipo de cambio y reservas: la ancla cambiaria aún carece de credibilidad. El reciente esquema de bandas ha generado una breve caída del riesgo país, pero la acumulación de reservas sigue siendo insuficiente para cubrir la demanda de dólares.
- Falta de un programa financiero: no existe una hoja de ruta clara para afrontar los vencimientos de deuda, que suman alrededor de US$20.000 millones en obligaciones externas (incluyendo al FMI) y US$11.000 millones del sector privado.
- Desinflación lenta: la inflación anual cerró 2025 cerca del 30 %. Sin un plan sólido, la caída de precios será gradual y probablemente se extienda más allá de junio de 2026, contradiciendo la promesa presidencial de eliminar la inflación ese mismo mes.
Reformas laborales y tributarias en la agenda
El proyecto de reforma laboral, previsto para debate en febrero, busca flexibilizar la entrada al mercado formal, pero su impacto dependerá del crecimiento real de la economía. Paralelamente, la esperada reforma impositiva enfrenta resistencia porque la recaudación ya cayó en 2025; bajar la carga tributaria sin compensar el gasto fiscal resultaría en una pérdida de hasta 3 % del PIB.
Perspectivas de empleo y consumo
El desafío central de 2026 será generar empleo de calidad. Los sectores que podrían crecer (minería, energía, agro) son intensivos en capital y poco generadores de puestos de trabajo urbano. La economía real presenta signos de estancamiento, con pocos avances en la industria y las PYME, que son el motor del empleo interno.
Conclusión
Así, mientras el Gobierno disfruta de un momento político favorable, deberá responder a importantes incógnitas macroeconómicas: consolidar un tipo de cambio creíble, estructurar un programa financiero para los vencimientos de deuda y dinamizar la economía real para que la “luna de miel” no se desvanezca en los próximos meses.
Fuente: La Prensa