06/08/2026 00:45 - General
En Argentina, el sector de reparto a domicilio (conocido como 'economía gig') ha crecido enormemente. Plataformas como Pedidos Ya y Rappi permiten a miles de repartidores (quienes usan bicicletas o motos para entregar comida y productos) acceder a ingresos. Recientemente, estas aplicaciones comenzaron a ofrecer préstamos a sus trabajadores, una iniciativa que busca la inclusión financiera para personas no bancarizadas, pero que también genera debates sobre las tasas de interés.
El 11 de julio de 2026, el Sindicato de Trabajadores de Reparto por Aplicación (Sitrarepa), un gremio que agrupa a estos trabajadores en Argentina, advirtió que estas líneas de crédito podrían alcanzar tasas de hasta el 700% anual. En un país con alta inflación como Argentina, las tasas suelen ser elevadas, pero esta cifra preocupa a los trabajadores. La secretaria general del gremio, Belén D'Ambrosio, señaló que estos préstamos se ofrecen principalmente a quienes tienen alta actividad en las apps.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA), el organismo que regula la moneda y el crédito en el país, publicó un informe sobre proveedores no bancarios de crédito. Los datos revelan un crecimiento significativo:
Desde las empresas, se enfatiza que estas herramientas permiten el acceso al crédito a quienes no tienen historial bancario. Para evaluar a los solicitantes, las apps usan un 'scoring' alternativo basado en la antigüedad en la plataforma, la aceptación de pedidos y las calificaciones de los usuarios.
Pedidos Ya informó que otorgó 57.000 créditos por un total de 84 millones de dólares desde 2022 (cuando comenzó con comercios) hasta 2024 (cuando se extendió a repartidores). Las líneas para repartidores tienen un plazo máximo de seis meses y no pueden superar el 30% de sus ingresos en la plataforma.
Por su parte, Banco Galicia (uno de los principales bancos privados de Argentina) anunció un acuerdo con Rappi para brindar soluciones de financiamiento y bancarización a repartidores y comercios.
Desde Sitrarepa advierten sobre el riesgo de una dependencia circular: los repartidores necesitan el crédito para comprar o reparar sus vehículos, pero luego deben trabajar más horas para devolver el dinero. D'Ambrosio indicó que muchos extienden su jornada laboral, trabajando entre 10 y 12 horas diarias para cubrir gastos fijos y cuotas.
La esperanza del sector es que estos préstamos sean regulados por el Estado, garantizando que la inclusión financiera no se transforme en una trampa de endeudamiento. Con un diálogo abierto entre trabajadores, empresas y reguladores, se puede construir un sistema de crédito más equitativo y sostenible para el futuro del trabajo en la economía gig.
Alfredo S. Quiroga