Un acuerdo histórico que redefine la geopolítica energética
Entre el 2 y 3 de septiembre de 2026, Caracas fue el escenario de una cumbre energética sin precedentes entre Venezuela y Estados Unidos. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, recibió al secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, en su segunda visita al país, junto a una delegación de altos ejecutivos de las principales empresas energéticas internacionales. El resultado: la firma de acuerdos que buscan revitalizar la producción de hidrocarburos y modernizar el sector eléctrico venezolano.
Este pacto se enmarca en un contexto político extraordinario: Nicolás Maduro fue capturado el 3 de enero de 2026 en una operación militar de EE. UU. y permanece detenido en ese país, acusado de narcoterrorismo y tráfico de drogas. Desde entonces, Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada, y las relaciones bilaterales han dado un giro de 180 grados, culminando en este acuerdo energético firmado el 29 de agosto de 2026.
“Es el mayor acuerdo petrolero de la historia”, declaró el presidente estadounidense Donald Trump, quien además destacó que EE. UU. obtendrá el control de 17 yacimientos que albergan el 21,5% de las reservas probadas de Venezuela, equivalentes a unos 65.000 millones de barriles.
Chevron: el gigante que duplica su apuesta
La noticia más impactante la dio Michael K. Wirth, CEO de Chevron, quien anunció una inversión superior a 7.000 millones de dólares para aumentar su producción en Venezuela de 250.000 a 420.000 barriles diarios en una primera etapa, y a más de 700.000 barriles diarios en una segunda fase. La meta a cinco años es alcanzar los 600.000 barriles diarios, un salto que consolidaría a Venezuela como un actor clave en el mercado global.
Chevron, que mantuvo su presencia en el país durante los momentos más difíciles, ahora ve un horizonte de estabilidad y crecimiento. Este aumento de producción no solo beneficiará a la empresa, sino que también generará ingresos significativos para el Estado venezolano.
ENI y el potencial del Campo Perla
La petrolera italiana ENI, liderada por su CEO Claudio Descalzi, también firmó acuerdos estratégicos. El más destacado es el desarrollo del Campo Gasífero Perla, con un potencial superior a 25 TCF (trillones de pies cúbicos), y el Campo Corocoro, con un potencial de 3 a 6 PCF. La perforación del primer pozo está prevista para diciembre de 2026, y la meta conjunta es alcanzar un millón de barriles diarios.
Además, PDVSA incrementará su producción en 200.000 barriles diarios gracias a la colaboración con ENI en el campo Junín 5, y otros contratos aportarían 70.000 barriles diarios adicionales.
Recuperación eléctrica: General Electric y 1.000 empleos
El sector eléctrico, uno de los más golpeados en Venezuela, también recibirá un impulso. General Electric Vernova, representada por Roger Martella, firmó un acuerdo con Corpoelec para la recuperación y modernización de la red eléctrica. Se estima la creación de más de 1.000 empleos para llevar a cabo esta tarea, un alivio para un sistema que ha sufrido apagones recurrentes.
El acuerdo busca equilibrar el balance energético global y evitar que el incremento productivo recargue el sistema eléctrico, un desafío técnico que requerirá una inversión sostenida.
Alejandro Betancourt y Nabep: el intermediario polémico
Uno de los nombres que más resuena en este acuerdo es el de Alejandro Betancourt, empresario venezolano y director de North American Blue Energy Partners (Nabep), compañía registrada en Barbados. Su empresa participa activamente en el pacto, y EE. UU. obtendrá el 35% de las acciones de Nabep.
Betancourt, quien actuó como intermediario entre Washington y Caracas tras la captura de Maduro, ha estado vinculado a controversias y acusaciones de corrupción en Venezuela, España, Suiza, Andorra y EE. UU., aunque no ha sido acusado formalmente en territorio estadounidense. Fue detenido en Londres en 2025 por una investigación suiza, pero la prohibición de salida fue levantada en mayo de 2026.
Reacciones y perspectivas
Delcy Rodríguez celebró el acuerdo, asegurando que impulsará empleo, salarios, servicios públicos y bienestar para los venezolanos. Destacó la seguridad jurídica y la reforma de la Ley de Hidrocarburos, que blindará los contratos.
Por otro lado, la líder opositora María Corina Machado advirtió a EE. UU. que sus “enemigos” están en el palacio de Miraflores, en referencia al gobierno de Delcy Rodríguez, sembrando dudas sobre la estabilidad política del acuerdo.
El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, afirmó que el acuerdo traerá casi 100.000 millones de dólares en inversión privada y apoyará miles de empleos, tanto en Venezuela como en Estados Unidos.
Un futuro incierto pero esperanzador
Este acuerdo marca un hito en las relaciones bilaterales y abre una ventana de oportunidad para la recuperación económica de Venezuela. Sin embargo, los desafíos políticos y la sombra de la corrupción siguen presentes. Lo cierto es que, por primera vez en años, el país mira hacia adelante con un plan concreto para reactivar su industria petrolera y eléctrica.
La comunidad internacional observa con atención, mientras las empresas extranjeras se posicionan para aprovechar el potencial de un país que, pese a todo, sigue siendo uno de los mayores reservorios de petróleo del mundo.