En el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la administración de Donald Trump ha escalado su ofensiva contra la Corte Penal Internacional (CPI). Estados Unidos advierte la imposición de sanciones institucionales para paralizar al organismo, calificándolo de politizado. Esta maniobra pone en riesgo la arquitectura del derecho internacional y genera una fractura diplomática con el Grupo de La Haya y aliados europeos.

La administración de Donald Trump ha lanzado una advertencia sin precedentes durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York: Estados Unidos no solo sancionará a individuos, sino que evaluará la aplicación de sanciones institucionales contra la Corte Penal Internacional (CPI). Bajo el liderazgo del Secretario de Estado, Marco Rubio, Washington describe al tribunal de La Haya como una entidad "fuera de control" y "corrupta" que vulnera la soberanía nacional.

Antecedentes: El choque entre Washington y La Haya

La tensión alcanzó un punto crítico en agosto de 2026, cuando EE. UU. impuso sanciones a la jefa de la CPI, la jueza japonesa Tomoko Akane, y al abogado senegalés Abdoulaye Seye. Esta hostilidad se enmarca en el rechazo de Trump a las investigaciones sobre crímenes de guerra y la insistencia de la Corte en perseguir a líderes políticos y militares, incluyendo el desprecio mostrado por Israel hacia los mandatos internacionales. Como respuesta, en 2025 se constituyó el Grupo de La Haya, una coalición liderada por figuras como el ministro sudafricano Ronald Lamola, destinada a blindar el derecho internacional frente a presiones externas.

El núcleo de la amenaza estadounidense reside en la implementación de sanciones secundarias. Esto implicaría que cualquier entidad financiera, aseguradora o proveedor tecnológico —especialmente los radicados en Europa— que colabore con la CPI podría enfrentar represalias económicas severas por parte de Estados Unidos. Esta estrategia buscaría asfixiar la operatividad del tribunal, dejándolo sin capacidad técnica ni financiera para ejecutar sus procesos.

La reacción internacional ha sido inmediata. La Primera Ministra de Japón, Sanae Takaichi, condenó enérgicamente las medidas contra la jueza Akane, mientras que el Primer Ministro de los Países Bajos, Rob Jetten, manifestó su preocupación por el impacto en la estabilidad de La Haya, sede del organismo. Expertos en derecho internacional, como William Schabas y la abogada Diana Buttu, advierten que este ataque no es solo contra la Corte, sino contra el principio mismo de justicia global.

Perspectivas Globales
  • La CPI podría enfrentar una parálisis operativa si los bancos europeos deciden cortar los vínculos financieros para evitar sanciones de EE. UU.
  • Se estaría produciendo un debilitamiento del sistema de justicia penal internacional, lo que facilitaría la impunidad de líderes estatales en conflictos activos.
  • Sería probable que el Grupo de La Haya buscara mecanismos alternativos de financiamiento y soporte técnico fuera de la esfera de influencia estadounidense.
  • Quizás se generaría una fractura más profunda entre la OTAN y sus aliados asiáticos si Japón continúa percibiendo las sanciones como un ataque a su propia nacionalidad.