Los bonos del Tesoro de Estados Unidos registraron el 23 de septiembre rendimientos en sus niveles más altos en casi dos décadas. El bono a 10 años cerró en 5,11%, impulsado por datos económicos robustos, una demanda débil en subastas y el temor a nuevas subidas de tasas por parte de la Reserva Federal ante una inflación persistente y tensiones geopolíticas.

Crisis de valor en la deuda soberana estadounidense

En una jornada de alta volatilidad, el mercado de renta fija de Estados Unidos sufrió una liquidación masiva. El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años alcanzó el 5,11%, rozando el 5,13% durante la sesión, su punto más alto desde julio de 2007. Esta tendencia se extendió a otras maturities, con los bonos a 30 años escalando hasta el 5,37%.

El movimiento responde a una combinación de factores macroeconómicos: un PMI manufacturero de 57 (superior al 53,6 esperado) que indica una economía más caliente de lo previsto, y una subasta de bonos a 5 años que evidenció una demanda sorprendentemente baja, reflejando el escepticismo de los inversores ante una deuda pública que ya se aproxima a los USD 40,1 billones.

Efecto Dominó: Acciones, Energía y Crédito

La subida de los rendimientos del Tesoro actúa como un imán que succiona capitales de activos de riesgo. El impacto fue inmediato en Wall Street, con una caída liderada por el Nasdaq (-1,1%). Simultáneamente, el índice del dólar se fortaleció debido a la expectativa de tasas más altas.

Impacto en el consumo: El encarecimiento de la deuda pública presiona directamente el crédito privado. Las tasas hipotecarias a 30 años ya promedian un 6,95%, encareciendo el acceso a la vivienda.

En el sector energético, la inestabilidad se refleja en el crudo WTI, que cerró en USD 92,16, mientras el gobierno de Trump analiza restringir las exportaciones de diésel, lo que podría exacerbar la inflación en Europa y otras regiones.