A los 87 años y apenas dos semanas después de ser desalojada de su hogar de toda la vida, falleció María del Carmen Abascal Martín. Su historia, que terminó en el hospital de Madrid, encendió las alarmas sobre el derecho a la vivienda y movilizó a miles de personas en las calles.

La ciudad de Madrid se encuentra conmocionada tras la muerte de Maricarmen, quien pasó de ser una vecina tranquila del barrio de Retiro a convertirse en el rostro visible de una batalla judicial y social contra los desalojos.

María del Carmen Abascal Martín falleció este miércoles en el hospital, cerrando un ciclo doloroso que culminó el pasado 23 de septiembre, cuando fue retirada de su domicilio en camilla tras una intervención policial.

La historia detrás del símbolo

Maricarmen vivió 70 años en el número 46 de la calle Alcalde Sainz de Baranda. Llegó allí en 1956, con solo 17 años, junto a su familia. Aquel piso no era solo un inmueble; era el refugio de sus recuerdos, sus muebles y la memoria de sus padres y hermano.

  • Profesión: Se desempeñó durante décadas como secretaria del consejo de administración en una empresa farmacéutica.
  • Vínculos: Mantuvo una relación estrecha con su primo Vicente, quien la acompañó hasta sus últimos días.
  • Legado: Su nombre fue utilizado por el Gobierno para bautizar un paquete de medidas sobre vivienda.

El conflicto comenzó cuando el piso fue adquirido por la empresa Urbagestión. A pesar de haber pagado el alquiler durante años y de haber intentado comprar la propiedad en 2018 (precio que resultó inalcanzable para ella), la justicia terminó fallando a favor de la propiedad.

Hito del Conflicto Detalle
Intentos de Desahucio Hubo tres intentos previos que fueron suspendidos o aplazados.
Intervención Internacional El Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales de la ONU solicitó medidas cautelares.
Desalojo Final Ejecutado el 23 de septiembre, trasladándola al Hospital Gregorio Marañón.

El caso de Maricarmen fue impulsado por el Sindicato de Inquilinas y diversos colectivos sociales, transformando un drama personal en una demanda colectiva por la dignidad habitacional de los adultos mayores.


Fuente: EL PAÍS