05/08/2026 22:56 - General
Desde su descubrimiento en 2013, GJ504b ha desconcertado a la comunidad científica. Popularmente conocido como el Planeta Rosa por su tonalidad magenta en las representaciones artísticas, este objeto orbita la estrella GJ504 a una distancia extraordinaria: 43,5 unidades astronómicas (cada unidad astronómica equivale a la distancia entre la Tierra y el Sol, aproximadamente 150 millones de kilómetros).
Su masa, estimada entre 4 y 30 veces la de Júpiter, lo sitúa en una zona gris entre los planetas gigantes gaseros y las enanas marrones, esos cuerpos celestes que no llegan a ser estrellas pero son demasiado masivos para ser considerados planetas convencionales.
~290°C
Uno de los objetos más fríos fotografiados directamente57 años luz
Un año luz equivale a 9,46 billones de km2.500-4.000 millones de años
Comparable a la edad de la TierraDurante años, los mayores telescopios terrestres intentaron sin éxito obtener un espectro útil de GJ504b. El brillo de su estrella anfitriona eclipsaba completamente la tenue luz del planeta, como intentar distinguir una luciérnaga junto al reflector de un estadio de fútbol.
El telescopio espacial James Webb, con su capacidad para observar en el infrarrojo y sus avanzadas técnicas de procesamiento de imagen, logró separar la luz del planeta de la de su estrella en apenas dos horas. Un hito técnico que representa un salto cuántico en la capacidad de exploración del cosmos.
El estudio, liderado por Aneesh Baburaj de la Universidad Northwestern, fue publicado en The Astronomical Journal y marca un antes y un después en el estudio de exoplanetas fríos.
Cuando la luz atraviesa una atmósfera, diferentes gases absorben colores específicos creando un patrón único. Al descomponer esa luz en sus longitudes de onda, los científicos pueden identificar qué moléculas están presentes.
Es como un código de barras químico exclusivo para cada planeta, su firma digital que revela sus secretos atmosféricos.
Los modelos atmosféricos iniciales no coincidían con las observaciones: generaban atmósferas físicamente imposibles. El enigma se resolvió cuando el equipo introdujo un componente insólito: nubes de sales metálicas.
Compuestos como el cloruro de potasio y el sulfuro de zinc actúan como una cortina atmosférica que oculta las capas más profundas del planeta y modifica la luz que llega al telescopio. Este hallazgo constituye la primera evidencia directa de este tipo de nubes en un objeto de temperatura tan baja.
Aunque en la Tierra asociamos la sal con los océanos, en mundos con condiciones extremas los minerales pueden evaporarse, condensarse y formar nubes flotantes. El cielo de GJ504b sería más parecido a una sopa química exótica que a cualquier atmósfera conocida en nuestro sistema solar.
El descubrimiento trasciende a GJ504b. Los astrónomos llevan años intentando estudiar objetos cada vez más fríos y débiles porque ahí reside una parte crucial de la comparación con los planetas gigantes de nuestro sistema solar, como Júpiter y sus nubes de amoníaco.
El James Webb demostró que puede separar la luz de un objeto extremadamente frío, extraer su espectro y obligar a los modelos científicos a incorporar nubes que antes eran solo predicciones teóricas. Esto abre la puerta a estudiar otros mundos aún más tenues, donde la luz llega casi como un susurro desde las profundidades del espacio.
Fuentes: La Razón, Universidad Northwestern, The Astronomical Journal, catálogo de exoplanetas de la NASA.
Alfredo S. Quiroga