14/10/2025 07:58 - Otros
El 7 de octubre de 2025 la cancha de Mar del Plata cobró vida. Una multitud de más de 200.000 espectadores, con más banderas de las que uno espera y un desfile de luces que parecía salida de un comercial. La foto más viral del día captura a la gente asomándose a través de la masa como si estuvieran mirando a una estrella fugaz. La ceremonia de apertura se transformó en un desfile improvisado de selfies.
La Gobernadora Kicillof encabezó la etapa final con la misma pompa con la que las pelotas de tenis reciben una buena jugada. Con su vestimenta oficial y una sonrisa que no tardó en convertirse en un meme, Kicillof desfiló por el escenario, señaló las constelaciones de logotipos y pidió a la multitud que respetara el protocolo (aunque, sinceramente, el protocolo parece haber sido enviado a alguien más). La gente aplausó por la distancia entre su rostro y el micrófono.
El barrio de General Puyérrez no se quedó atrás: 549 representantes llegaron en coche, en bus y en alguna especie de tren improvisado que ni se sabe si cruzó la línea de meta. La cifra exacta no se ha confirmado, pero según los informes los oficiales contaron con un medidor de personas. Los delegados se reunieron en la zona de descanso, donde el café parecía el mejor premio del día.
La delegación de La Plata se lanzó rumbo a Mar del Plata con la misma determinación con la que los jugadores de fútbol buscan el gol. Se partió en la madrugada del 6 de octubre, pasando por varias ciudades en un trayecto que tardó 8 horas. A su llegada la ceremonia se inició de manera impecable, lo que les dio la posibilidad de ver la competencia sin perder la cita con la gastronomía local. Si la delegación hubiera llegado una hora más tarde, habría visto la foto de la apertura y perdido la oportunidad de aparecer en el feed.
Con el mismo fervor que un partido de Libertadores, la final comenzó oficialmente a las 10:00 local. Los atletas compitieron en diversos deportes, aunque el público parece haber olvidado por un momento que existían eventos deportivos y se centró en la cobertura en tiempo real de sus teléfonos. La final terminó con el mismo desenlace inesperado de un partido de serie A. En términos de récords, la multitud se quedó con el récord de selfies más alta en la historia de los Juegos Bonaerenses.
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones