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25/02/2026 10:38 • Economia
En Villa Regina, Río Negro, una pequeña localidad del norte patagónico, se está escribiendo una historia de éxito que ejemplifica el impacto de las políticas de desregulación en el sector productivo argentino. Rubén, productor de lúpulo desde hace 8 años, ha visto cómo su capacidad productiva se multiplicó gracias a una decisión gubernamental que cambió las reglas de juego.
El CIBU (Certificado de Importación de Bienes de Uso) era un requisito burocrático que complicaba enormemente la importación de maquinaria usada al país. Este certificado funcionaba como una barrera administrativa que encarecía y demoraba la adquisición de equipos industriales de segunda mano en buen estado.
Según informó el Ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger a través de su cuenta oficial de X, la empresa de Rubén pudo importar una máquina alemana usada a muy bajo costo, aprovechando la nueva normativa.
El resultado: Lo que antes requería días de trabajo intenso, ahora la empresa puede realizarlo en apenas dos días, multiplicando su capacidad operativa y mejorando sustancialmente su competitividad en el mercado.
El lúpulo es un ingrediente fundamental en la producción cervecera, aportando el característico amargor y aroma a la cerveza. La región de Río Negro y el norte patagónico cuentan con condiciones climáticas ideales para su cultivo, posicionándose como un polo productivo de relevancia nacional e internacional.
El impulso a este sector no solo beneficia a los productores locales, sino que también fortalece la cadena de valor cervecera argentina, generando empleo y desarrollo económico en la región.
Este caso demuestra cómo las políticas de desregulación inteligente pueden generar impacto positivo y tangible en los productores argentinos. La simplificación de trámites y la apertura a nuevas oportunidades comerciales se traducen en mayor productividad, eficiencia y crecimiento para el sector agroindustrial del país.