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25/02/2026 14:31 • Actualidad
Muchas personas reciben una vacuna en la infancia y permanecen protegidas durante décadas sin volver a pensar en ella. Ese "recuerdo" del sistema inmunitario, casi invisible en la vida diaria, es uno de los fenómenos más fascinantes de la medicina. Ahora, un equipo de la Friedrich-Alexander-Universität Erlangen-Nürnberg (FAU), en Alemania, identificó el mecanismo clave que ayuda a explicar este fenómeno.
El estudio, publicado en Nature Immunology, demuestra que tras la vacunación, ciertas células inmunitarias activan rápidamente un modo de bajo consumo energético que les permite mantenerse vivas y listas para actuar durante largos periodos.
Son linfocitos que permanecen como "reserva estratégica" después de una infección o vacunación. Funcionan como un sistema de vigilancia: si el organismo vuelve a exponerse al patógeno, pueden multiplicarse rápidamente y coordinar una respuesta más eficaz.
Las células destinadas a persistir reducen su actividad metabólica desde etapas muy tempranas. Este comportamiento, comparable a un "modo ahorro" energético, favorece su supervivencia prolongada sin agotarse.
Para investigar cómo se construye la memoria inmunológica, los científicos eligieron la vacuna contra la fiebre amarilla, considerada uno de los ejemplos más sólidos de protección a largo plazo. En la mayoría de los casos, una sola dosis es suficiente para generar inmunidad de por vida.
El equipo, liderado por el profesor Kilian Schober, siguió durante un año a más de 50 adultos recién vacunados y comparó sus muestras sanguíneas con las de personas que habían recibido la vacuna entre siete y 26 años antes.
| Grupo estudiado | Tiempo desde vacunación | Observación clave |
|---|---|---|
| Adultos recién vacunados | 0-12 meses | Emergencia de dos poblaciones de células T |
| Personas vacunadas previamente | 7-26 años | Persistencia del perfil metabólico moderado |
Dos poblaciones de linfocitos T:
Patrón metabólico identificado:
El equipo combinó análisis bioquímicos y herramientas informáticas capaces de rastrear el gasto energético en cada célula. Entre las técnicas empleadas, utilizaron puromicina para medir la actividad metabólica: cuanto más activa era una célula, mayor incorporación del compuesto presentaba.
Sina Frischholz, responsable principal de los experimentos, explicó que las células más duraderas no son las más activas, sino aquellas que aprenden a utilizar de forma eficiente sus recursos energéticos.
La doctora Ev-Marie Schuster señaló que la persistencia de la memoria inmunitaria está ligada a esta moderación metabólica, un rasgo detectado incluso más de dos décadas después de la inmunización.
Para comprobar que el fenómeno no era exclusivo de la fiebre amarilla, los investigadores analizaron:
En ambos casos observaron el mismo patrón de bajo consumo energético en células T de memoria.
El descubrimiento abre nuevas perspectivas para:
Diseño de vacunas más duraderas
Inmunoterapias mejoradas
Tratamientos personalizados
Un sistema inmunitario eficaz no se basa en la hiperactividad constante, sino en la capacidad de ciertas células para mantenerse estables y preparadas durante años. Comprender este equilibrio metabólico podría permitir el desarrollo de estrategias que prolonguen la protección frente a infecciones y mejoren tratamientos inmunológicos.
Fuente: Friedrich-Alexander-Universität Erlangen-Nürnberg | Nature Immunology | Infobae