05/03/2026 16:26 - Entretenimiento
El sábado 5 de marzo de 1988 amaneció con una noticia que paralizó a la Argentina: Alberto Olmedo, el humorista más popular del país, había muerto tras caer desde el balcón del piso 11 del edificio Maral 39, ubicado en el Boulevard Marítimo Patricio Peralta Ramos al 3600 de Mar del Plata. Tenía 54 años.
Olmedo estaba en el mejor momento de su carrera. Encabezaba la temporada teatral en el Teatro Tronador con la obra "Éramos tan pobres", que agotaba localidades cada noche. Además, había terminado en diciembre de 1987 el exitoso programa "No toca botón" y estaba por estrenar la película "Atracción peculiar" con su compañero Jorge Porcel, que llegaría a las salas apenas dos días después de su muerte.
El elenco de aquella temporada incluía a figuras como Javier Portales, César Bertrand, Beatriz Salomón, Silvia Pérez, Susana Romero, Divina Gloria y Romina Gay. La función de la noche del 4 de marzo fue un éxito, con el público ovacionándolo constantemente.
Esa noche, Olmedo se encontró con Nancy Herrera, su pareja de ocho años con quien había tenido una relación marcada por crisis y reconciliaciones. En los meses previos, Herrera había tenido un romance con Cacho Fontana, amigo íntimo del humorista, lo que había generado un escándalo mediático y una profunda depresión en Olmedo.
Pero ese verano de 1988, la pareja se había reconciliado. En el departamento, Herrera había escrito en el espejo con labial un "Te amo" como bienvenida. Y había algo más: le contó que estaba embarazada de dos meses.
Albertito Olmedo, el hijo de ambos, nacería el 26 de octubre de 1988. El cómico recuperó su sonrisa plena esa madrugada. Hubo champagne, besos y abrazos. Fue, según quienes los conocían, uno de esos momentos en que todo parecía volver a encajar.
Alrededor de las 7:45 de la mañana, Olmedo salió al balcón del departamento del undécimo piso. El cielo estaba plomizo, el mar apenas visible. Lo que sucedió después sigue generando debates.
Según la reconstrucción judicial y los testimonios, el humorista comenzó a jugar con la baranda del balcón. Cruzó una pierna sobre el borde, se sentó. Su torso estaba desnudo, las botas texanas buscaban apoyo.
Fueron segundos. Los vecinos escucharon gritos desgarradores:
"¡Me caigo, mamita, me caigo! ¡Agarrame la pierna!"
Nancy Herrera intentó sujetarlo desde el interior del departamento, pero no pudo. El cuerpo de Olmedo impactó contra el jardín del edificio y terminó sobre la vereda. Minutos después, los primeros policías y curiosos llegaron al lugar. La noticia se propagó como un reguero de pólvora.
El juez Pedro Federico Hooft se hizo cargo de la investigación. Se descartó la intervención de terceras personas y se determinó que fue un accidente producto de la pérdida de equilibrio en el balcón. Sin embargo, con el tiempo surgieron versiones alternativas sobre un posible suicidio, el estado emocional del actor o el consumo de alcohol y drogas. Ninguna logró modificar la conclusión oficial.
Ese verano marplatense ya estaba marcado por otra tragedia: el 14 de febrero de 1988, Carlos Monzón había asesinado a su pareja Alicia Muñiz, un hecho que conmocionó al país y al ambiente artístico.
El impacto de la muerte de Olmedo fue inmediato. Radios, canales de televisión y diarios interrumpieron su programación. En Mar del Plata, la temporada teatral perdió su brillo. Para el público que había llenado el teatro esa noche del 4 de marzo, fue sin saberlo la última función del cómico que había hecho reír a generaciones enteras desde "El Capitán Piluso" hasta "No toca botón".
Alberto Olmedo nació en Rosario y se convirtió en el humorista más querido de la Argentina. Su estilo improvisado, su humor físico y su conexión natural con el público lo llevaron a dominar la televisión, el teatro y el cine durante décadas. Personajes como El Capitán Piluso, el Chupete y las innumerables improvisaciones en "No toca botón" lo convirtieron en un ídolo popular.
Hoy, un monumento en Mar del Plata, a metros del lugar donde falleció, recuerda al "Negro" Olmedo. Y cada 5 de marzo, su figura sigue presente en la memoria colectiva de los argentinos.
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones