21/05/2026 09:57 - Economia
El sistema crediticio argentino muestra señales de una asimetría creciente: las empresas comienzan a acceder a financiamiento con tasas en descenso, mientras que las familias enfrentan condiciones significativamente más onerosas para obtener préstamos personales, hipotecarios o prendarios.
Las tasas para el sector corporativo han comenzado a mostrar una tendencia descendente, facilitando el acceso a capital de trabajo e inversión productiva. Esta mejora responde a una percepción de menor riesgo y a las políticas monetarias implementadas.
En contraste, las líneas de crédito para personas mantienen tasas muy elevadas, dificultando el financiamiento de consumo, vivienda y bienes durables. La morosidad en este segmento se ha multiplicado por cinco veces, encendiendo alarmas en el sistema financiero.
La morosidad es el porcentaje de préstamos que se encuentran en situación de impago o con retrasos significativos en sus cuotas. Un aumento de la morosidad indica dificultades de los deudores para cumplir con sus obligaciones crediticias.
El aumento de la morosidad familiar genera un círculo vicioso: los bancos endurecen sus requisitos y elevan las tasas para protegerse del riesgo, lo que a su vez dificulta aún más el acceso al crédito para los hogares. Esto frena el consumo y posterga la reactivación económica que depende en buena medida del poder adquisitivo familiar.
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones