05/06/2026 12:50 - Internacionales
Un boletín médico vintage de los años 80 sobre una mesa clínica, con iluminación suave y atmósfera que evoca un momento histórico decisivo en la medicina mundial
Hace exactamente 45 años, el 5 de junio de 1981, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos publicaron un breve informe de apenas dos páginas en su boletín Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR). El contenido era escalofriante: cinco hombres jóvenes, todos homosexuales activos, habían contraído una neumonía extremadamente rara llamada Pneumocystis carinii. Dos de ellos ya habían muerto.
Los pacientes, atendidos en tres hospitales distintos de Los Ángeles entre octubre de 1980 y mayo de 1981, no tenían ninguna conexión conocida entre sí. Sin embargo, todos presentaban signos de un sistema inmunológico colapsado: infección por citomegalovirus y candidiasis mucosa. Tenían entre 29 y 36 años y habían sido personas sanas hasta entonces.
Durante meses, la enfermedad no tuvo nombre oficial. En 1981 se la llamó GRID (siglas en inglés de “inmunodeficiencia relacionada con los gays”), o directamente “plaga gay” o “síndrome gay”, porque parecía afectar exclusivamente a hombres homosexuales.
En 1982, la denominación se amplió a “enfermedad de las 4H”: homosexuales, heroinómanos, hemofílicos y haitianos. Ese mismo año, los CDC adoptaron oficialmente el nombre SIDA: síndrome de inmunodeficiencia adquirida.
Los primeros casos en mujeres se identificaron en 1983. Para 1986, los CDC reportaron que el sida afectaba de forma desproporcionada a afroamericanos e hispanos en Estados Unidos.
Lo que el reporte de 1981 no podía saber era que el virus llevaba décadas circulando entre los seres humanos. El Instituto Pasteur de París señala que al menos 40 especies de primates africanos —chimpancés, gorilas, monos verdes— están infectados de forma natural con el virus de inmunodeficiencia simia (VIS), un retrovirus cercano al VIH.
Ese virus pasó a los humanos al menos 12 veces, dando origen al VIH-1 y al VIH-2. Estudios posteriores encontraron evidencia del virus en una muestra de 1960 de una mujer en Kinshasa (actual República Democrática del Congo). Otras investigaciones sugieren que circulaba en humanos desde fines del siglo XIX.
Mientras la ciencia avanzaba lentamente, la respuesta política fue, en muchos casos, hostil. La administración del presidente Ronald Reagan tardó años en reaccionar. En la primera conferencia de prensa de la Casa Blanca sobre el SIDA en 1982, asesores del gobierno hicieron bromas homofóbicas mientras reconocían que alrededor de un tercio de los casos reportados eran fatales.
Frente a esa inacción, los grupos más afectados construyeron un movimiento de activismo sanitario organizado. En 1983 se redactaron los Principios de Denver, que rechazaron términos como “víctimas del sida” e introdujeron la expresión “personas con sida”. Organizaciones como ACT UP presionaron a gobiernos y la industria farmacéutica, logrando sentarse en las mesas donde se tomaban decisiones sobre investigación médica.
El año 1996 marcó un punto de inflexión: la terapia antirretroviral de alta actividad (HAART) transformó el pronóstico de la enfermedad. Al año siguiente, las muertes relacionadas con el sida en Estados Unidos cayeron un 47%. Algunos lo llamaron el “efecto Lázaro”: personas que estaban postradas volvían a levantarse.
Sin embargo, para la mayor parte del mundo, ese avance tardó años en llegar. Entre 1996 y 2003, el período de mayor mortalidad por sida a nivel global, el costo anual del tratamiento rondaba los 22.000 dólares por paciente en países desarrollados, un valor inaccesible para la mayor parte de los afectados.
El cambio llegó en 2000, cuando en la Conferencia Internacional de la Sociedad del SIDA en Durban (Sudáfrica), el juez Edwin Cameron exigió equidad en el acceso a tratamiento. El costo del tratamiento en países de bajos ingresos terminó bajando a 50 dólares anuales por paciente, haciendo viable el tratamiento a escala masiva.
Personas viven con VIH en el mundo
Nuevas infecciones en 2021
Desde aquel primer informe
La epidemia sigue en expansión en Europa del Este, Asia Central, Oriente Medio y norte de África. Los tratamientos actuales permiten que quienes viven con el virus lleven una vida normal sin desarrollar la enfermedad.
Fuente: Infobae - Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC)
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones