08/08/2026 06:34 - General
El medio de comunicación argentino Hablando Claro, conocido por su cobertura de temas de interés general, informó en su edición del 12 de julio de 2026 sobre un descubrimiento que ha desconcertado a la comunidad científica internacional. Un pulso grave y constante, registrado en una franja remota del océano Pacífico, mantiene su ritmo sin perder fuerza, desafiando los mapas y manuales oceanográficos actuales.
Para entender la magnitud del hallazgo, es útil saber que los hidrófonos son micrófonos diseñados específicamente para funcionar bajo el agua, capaces de captar sonidos a grandes profundidades. A bordo de boyas y gliders (vehículos submarinos autónomos), estos dispositivos registraron una firma sonora inusual entre chirridos de crustáceos y motores lejanos.
La oceanógrafa Paula Méndez indicó que 'nos enfrentaríamos a una señal que no encaja con el catálogo habitual'. Se trataría de una reverberación compleja, similar a la acústica de una sala enorme respondiendo a un golpe invisible, que se ha mantenido estable durante semanas.
Un espectrograma es una representación visual de las frecuencias de una señal a medida que varía con el tiempo. En este caso, la huella luciría como una peineta de armónicos que suben y bajan con cadencia suave, recordando a un órgano bajo una cúpula de agua y roca.
Para quienes no están familiarizados con los misterios del mar, en 1997 la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU.) captó un sonido submarino de ultra-baja frecuencia al que llamaron Bloop, que durante años se pensó que provenía de una criatura gigante, hasta que se determinó que era el deshielo de icebergs. Por otro lado, la famosa ballena de 52 Hz es un individuo solitario que canta en una frecuencia inusual, aparentemente incapaz de comunicarse con otros de su especie. Estos antecedentes demuestran que el océano esconde maravillas acústicas por descubrir.
El consorcio científico maneja tres grandes líneas de investigación, todas ellas igual de fascinantes:
Para triangular el origen, varias estaciones han sido reposicionadas y los gliders dibujarían espirales en torno al área sospechosa. En paralelo, un barco de batimetría (la medición de las profundidades marinas para mapear el relieve del fondo oceánico) está analizando una zona de relieve sinuoso.
Este enigma no solo trae intriga, sino también un potencial impacto positivo. Entender este eco permitiría comprender mejor el ruido de fondo que sufren las especies marinas. Además, la propagación de bajas frecuencias es muy sensible a la temperatura y salinidad del agua, por lo que este patrón podría servir como una baliza climática natural, ayudando a monitorear el cambio global de forma pasiva.
En las próximas semanas, se planea una prueba coordinada de apagones de fuentes humanas. Si la señal persiste, se lanzaría una travesía con vehículos autónomos para colocar una matriz densa de hidrófonos. Los datos serían abiertos para que laboratorios de todo el mundo colaboren. ¡El océano nos está enseñando a escuchar mejor!
Alfredo S. Quiroga