06/08/2026 05:47 - General
Según informaron medios como El País e Infobae, el 22 de julio de 2026 entraron en vigor los nuevos aranceles del 25% impuestos por la administración de Donald Trump a una parte de las exportaciones brasileñas.
Ante esta situación, el gobierno brasileño optó por la mesura y el diálogo. El vicepresidente Geraldo Alckmin descartó una guerra comercial inmediata y citó un proverbio para ilustrar la postura del país: “Ojo por ojo y nos quedaremos ciegos”. Brasil cuenta con la Ley de Reciprocidad, aprobada previamente por su congreso, pero la mantendrá como una herramienta de negociación y disuasión en lugar de aplicarla de inmediato.
El Ministerio de Industria y Comercio de Brasil proyecta que el arancel afectará solo entre el 15% y el 18% de las exportaciones totales hacia EE.UU., equivalente a aproximadamente 7.400 millones de dólares. Lo más alentador es que más de 2.100 productos quedaron excluidos, protegiendo rubros fundamentales para la economía sudamericana como la carne bovina, el café, el petróleo, los aviones (salvaguardando a la empresa Embraer) y el jugo de naranja.
La estrategia brasileña de abrir nuevos mercados da sus frutos. El año pasado, el país alcanzó un récord de 349.000 millones de dólares en exportaciones. En el primer semestre de 2026, Brasil batió marcas de ventas hacia 54 naciones y en 49 productos distintos. Un gran motor de este crecimiento es el acuerdo entre el Mercosur (bloque comercial que integra a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y la Unión Europea, que ya impulsó las exportaciones brasileñas en 2.000 millones de dólares en apenas sesenta días.
El panorama comercial se cruza con un año electoral clave. Las elecciones presidenciales en Brasil están programadas para el 4 de octubre de 2026. Para quienes observan desde fuera, es importante saber que el actual presidente, Lula da Silva, es el líder histórico de la izquierda brasileña. Su principal oposición política es la familia Bolsonaro, de derecha, y su candidato en estos comicios es Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
Según publicó La Nación, Lula acusó al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, de intentar influir en los comicios a favor del candidato opositor. En un firme discurso en Brasilia, el presidente brasileño desafió la presunta intromisión diciendo: “Si el secretario de Estado estadounidense quiere venir a apoyar a mi adversario, que venga, que monte un comité, porque vamos a derrotarlos a todos en nombre de la defensa de la democracia”.
Paralelamente, el 21 de julio de 2026, Lula firmó un decreto autorizando a las Fuerzas Armadas a colaborar con la logística y seguridad electoral, una práctica habitual en Brasil cuando la Justicia Electoral lo solicita para garantizar la transparencia del voto.
Datos divulgados por la consultora Quaest sugieren un escenario favorable para el oficialismo. En una hipotética segunda vuelta, Lula estiraría su ventaja a ocho puntos (45% contra 37% de Bolsonaro). Además, el 51% de los brasileños encuestados responsabiliza a Flávio Bolsonaro por la imposición de los aranceles, tras difundirse que aliados de su familia viajaron a EE.UU. para pedir medidas punitivas contra el propio país.
Con un enfoque en la diplomacia, la diversificación de mercados y la firmeza institucional, Brasil demuestra que el diálogo y la prudencia son las mejores herramientas para superar los desafíos del comercio global y fortalecer la democracia.
Alfredo S. Quiroga