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05/01/2026 23:04 • POLITICA • POLITICA
En la madrugada del 3 de enero de 2026 múltiples explosiones sacudieron Caracas y otras ciudades, resultado de la primera intervención militar directa de EE.?UU. en Venezuela. El objetivo declarado por el presidente Donald Trump fue la captura del mandatario Nicolás?Maduro, acusado de narcotráfico y de amenazar la seguridad de EE.?UU.
Tras la detención, el vicepresidente Delcy?Rodríguez asumió el cargo de presidenta encargada según el decreto de “conmoción exterior” que Maduro había firmado previamente. El Tribunal Supremo venezolano confirmó que Maduro sigue siendo presidente, pero delega funciones en Rodríguez, quien ha presidido la reunión del Consejo de Defensa del Estado y la primera sesión del Consejo de Ministros.
Elizabeth Dickinson, analista senior del International Crisis Group, declaró que la operación es una “advertencia directa” a cualquier gobierno que no se alinee con los intereses de EE.?UU. La estrategia se inscribe en una reinterpretación de la doctrina Monroe –?el principio del siglo XIX que afirmaba la exclusividad de Estados Unidos en los asuntos del hemisferio occidental?, ahora reforzada con coerción económica, presión política y presencia militar.
Según el analista Sergio?Rodríguez?Gelfenstein, la situación se estabilizó rápidamente después del día 3, aunque se observaron colas en supermercados y una sensación de incertidumbre. La continuidad constitucional se mantuvo mediante el decreto de conmoción exterior y la legislación del Consejo de Defensa del Estado.
Rodríguez también informó que hubo bajas en ambos bandos: estimaciones de entre 60 y 80 muertos, incluidos civiles, soldados estadounidenses y fuerzas venezolanas, cubanas y de otros países que apoyan al gobierno.
El operativo marca un punto de inflexión en la política exterior de EE.?UU. en América Latina, señalando que la fuerza militar puede ser utilizada para imponer intereses estratégicos. La comunidad internacional ha pedido respeto al derecho internacional, mientras que Israel ha expresado su apoyo a Washington.
En resumen, la captura de Maduro abre una nueva fase de presión sobre Colombia, Cuba, México y otros estados, que deberán equilibrar su soberanía frente a la creciente agresividad estadounidense.