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06/01/2026 14:28 • POLITICA • POLITICA
En la madrugada del 3 de enero de 2026, fuerzas estadounidenses llevaron a cabo una serie de explosiones en Caracas y otras ciudades, logrando la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro. El presidente de EE.?UU., Donald Trump, presentó la acción como una respuesta a la “amenaza del narcotráfico y la inestabilidad regional”.
El golpe ha generado una ola de críticas y consultas en la comunidad internacional. La mayoría de los países han pedido respeto al derecho internacional, mientras que Israel ha respaldado abiertamente a Washington.
Según Elizabeth Dickinson, analista senior para Colombia del International Crisis Group, el operativo funciona como una advertencia directa: “O se alinean con la política de Trump o enfrentan este tipo de repercusiones”. La presidenta colombiana, Gustavo Petro, rechazó las acusaciones estadounidenses y calificó las declaraciones de Trump como “hostiles”.
En una entrevista, Dickinson señaló que la relación entre Trump y Petro se ha deteriorado rápidamente, aunque no se anticipa una invasión militar inmediata contra Colombia. Sin embargo, la proximidad de las elecciones presidenciales de mayo 2026 en Colombia añade una capa de vulnerabilidad.
El secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, hijo de exiliados cubanos, ha repetido durante años su oposición al régimen de Fidel Castro y su sucesor, Miguel Díaz?Canel. Maureen Meyer, vicepresidenta de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA), advirtió que “Cuba es el próximo foco” y que EE.?UU. podría intentar debilitar su economía mediante la reducción de suministros de petróleo.
En México, la presidenta Claudia Sheinbaum fue también objeto de críticas por parte de Trump, quien afirmó que “los cárteles gobiernan México”. Esta declaración eleva la tensión entre ambos gobiernos y podría traducirse en medidas de presión, como aranceles o mayores controles migratorios.
El mensaje de Washington es claro: la Estrategia de Seguridad Nacional ya no es un documento de papel, sino una política activa que combina coerción económica, presión política y presencia militar. Meyer describió el escenario como un “regreso a la diplomacia de cañoneras”.
Los analistas coinciden en que, aunque no se prevé una intervención militar directa contra los países señalados, la mera posibilidad de una acción crea una presión constante para que los gobiernos latinoamericanos adapten sus políticas a los intereses estadounidenses.
El éxito o fracaso de la operación en Venezuela servirá de barómetro para futuros movimientos de EE.?UU. en la región. Mientras tanto, gobiernos como los de Colombia, Cuba y México deberán equilibrar sus relaciones con Washington sin comprometer su soberanía.
Fuente: DW – Después de Venezuela, ¿quién sigue en América Latina?