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09/01/2026 21:13 • OTROS • OTROS
En 2006 la paciente, de 47 años, ingresó al Hospital de Volterra para una intervención ortopédica programada. Un análisis de sangre mostró una alteración en el recuento de glóbulos blancos, lo que llevó a suspender la cirugía y a remitir los estudios al Hospital Universitario de Pisa.
En Pisa, tras biopsias de médula ósea e intestinal, los médicos diagnosticaron un linfoma no Hodgkin tipo MALT, una neoplasia de crecimiento lento que afecta el sistema linfático y el intestino. Con este diagnóstico, la mujer comenzó en 2007 un tratamiento oncológico que incluyó quimioterapia, corticoides y esteroides.
Entre 2007 y 2011 la paciente soportó ciclos de quimioterapia agresiva, provocándole cansancio crónico, malestar persistente y limitaciones físicas graves. Los corticoides y esteroides deterioraron adicionalmente su salud, provocándole pérdida de masa muscular y alteraciones emocionales.
La mujer, que trabajaba como agente de seguros, tuvo que reducir drásticamente su actividad profesional y perdió temporalmente su carnet de conducir, agravando su situación económica y familiar.
En 2011, tras solicitar una segunda opinión en un hospital de Génova, se realizaron nuevas biopsias que descartaron por completo la presencia de cáncer. Se constató que el diagnóstico inicial había sido erróneo y que los tratamientos oncológicos no tenían justificación médica.
La paciente intentó una solución extrajudicial con el Hospital de Pisa sin éxito y llevó el caso a la justicia. La primera sentencia fijó una indemnización de 295.000 euros y una invalidez del 40%. La Corte de Apelación de Florencia revisó el expediente, aumentó la invalidez al 60% y elevó la compensación a más de 470.000 euros, considerando el daño físico, psicológico y laboral.
Este caso se convierte en un referente en Italia sobre la gravedad de los errores diagnósticos oncológicos y la necesidad de una mayor rigurosidad en los procesos de confirmación antes de iniciar tratamientos invasivos.
Fuente: Diario de Cuyo