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14/01/2026 10:13 • SALUD • SALUD
Un equipo de investigadores de la Universidad de Florida examinó imágenes de resonancia magnética de 26 astronautas tomadas antes y después de sus misiones en la Estación Espacial Internacional (EEI). Los análisis revelaron que la corteza motora suplementaria se desplazó aproximadamente 2,5?mm hacia arriba, mientras que la parte superior y posterior del cerebro se comprimía y otras regiones se estiraban.
En microgravedad, la fuerza de atracción que mantiene nuestro cuerpo anclado al suelo casi desaparece. Este cambio altera la distribución de los fluidos corporales, desplazando el cerebro dentro del cráneo. La deformación no es uniforme: áreas responsables del equilibrio, la orientación y el movimiento se ven particularmente afectadas.
Los astronautas que permanecieron un año completo en la EEI mostraron los cambios más pronunciados; los que estuvieron solo unas semanas presentaron deformaciones menores, pero detectables. La autora principal del estudio, Rachael Seidler, señaló que “la duración parece ser el factor determinante”.
Tras el regreso, muchos astronautas experimentaron dificultades para mantenerse erguidos, desorientación y problemas de balance. Sin embargo, la mayoría recuperó la forma original del cerebro en torno a los seis meses posteriores, aunque algunos mantuvieron deformaciones residuales.
Para validar los resultados, se realizó un estudio con voluntarios en cama inclinada durante 60?días, simulando la redistribución de fluidos propia de la microgravedad. Los participantes mostraron también un desplazamiento de masa blanca, aunque de menor magnitud que en los astronautas.
Estos hallazgos son críticos para los planes de la NASA de establecer bases lunares y misiones tripuladas a Marte. El neurólogo aeroespacial Mark Rosenberg advierte que, si la gravedad en Marte es sólo un tercio de la terrestre, la recuperación de los astronautas podría tardar tres veces más.
La microgravedad afecta al organismo en varios niveles: pérdida de masa ósea y muscular, alteraciones cardiovasculares e inmunológicas, problemas de visión y cambios renales, endocrinos y respiratorios. La radiación espacial también representa un riesgo adicional para el ADN y la salud a largo plazo.
Entender cómo la ausencia de gravedad transforma el cerebro humano es esencial para diseñar contramedidas que garanticen la seguridad y el rendimiento de los futuros exploradores del espacio profundo.