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18/01/2026 11:13 • POLITICA • POLITICA
El deseo de expansión de Estados Unidos ha dejado una huella profunda en la configuración territorial de Dinamarca. Desde el siglo XIX, Washington ha empleado la compra, la coerción diplomática y, en algunos casos, la amenaza de fuerza para obtener territorios estratégicos.
Groenlandia, la mayor isla del planeta con una población de ?57?000 habitantes, es un territorio autónomo bajo la corona danesa. Desde 2019, el expresidente Donald Trump ha declarado su intención de anexarla, alegando razones de "seguridad nacional" y potenciales recursos minerales.
En enero de 2026, Trump anunció aranceles contra seis países europeos, entre ellos Dinamarca, como represalia por su oposición a la compra. La primera ministra danesa, Mette?Frederiksen, ordenó a las Fuerzas Armadas defender la soberanía groenlandesa.
Los intereses estadounidenses en el Caribe y el Ártico se enmarcan en la antigua Doctrina Monroe, que busca impedir la intervención europea en el hemisferio occidental. La adquisición de las Islas Vírgenes (antes Indias Danesas) garantizó un punto estratégico para la Marina y el comercio marítimo. Actualmente, la posible incorporación de Groenlandia abriría rutas de navegación en el Ártico, acceso a recursos como minerales raros y mayor presencia militar frente a Rusia.
Los gobiernos europeos calificaron los aranceles como "coerción económica" y reafirmaron su apoyo a la integridad territorial de Dinamarca. Organizaciones de derechos humanos subrayan que la población groenlandesa nunca ha sido consultada y que su apoyo mayoritario está en contra de una anexión.
La relación entre EE.?UU. y Dinamarca muestra cómo la política exterior estadounidense ha pasado de compras formales a presiones implícitas, marcando el futuro de territorios tan distantes como el Caribe y el Ártico. La historia reciente sugiere que cualquier intento de modificar la soberanía de Groenlandia podría desencadenar tensiones sin precedentes dentro de la OTAN y la comunidad internacional.