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21/01/2026 06:06 • ECONOMIA • ECONOMIA
El conflicto entre Elon Musk y Michael O'Leary se originó cuando el director ejecutivo de Ryanair descartó públicamente la incorporación del servicio de internet por satélite Starlink, desarrollado por SpaceX, argumentando que el coste anual superaría los 250?millones de dólares y que el aumento de peso del equipamiento incrementaría el consumo de combustible.
El 20 de?enero de?2026, Musk publicó en su perfil de X un mensaje que preguntaba: «¿Debería comprar Ryanair y poner al frente a alguien que realmente se llame Ryan?». La encuesta fue vista por más de 4?millones de personas y obtuvo alrededor de 5?000 respuestas en menos de 24?horas, replicando la estrategia que utilizó antes de comprar Twitter en 2022.
Ryanair respondió a través de su cuenta oficial en X, citando a O'Leary, quien comentó que Musk «sabe aún menos sobre las normas de propiedad de aerolíneas que sobre la aerodinámica de los aviones». O'Leary también ofreció asientos a 16,99?€ bajo el título «para idiotas», dirigida aparentemente a Musk y a sus seguidores.
Tras la controversia, la acción de Ryanair subió un 2,3?%, manteniéndose una capitalización bursátil cercana a 35?000?millones de dólares. En el primer semestre del último ejercicio fiscal, Ryanair reportó beneficios de 2?540?millones de euros, lo que representa un aumento del 42?% respecto al mismo periodo del año anterior, y anunció un plan para alcanzar los 300?millones de pasajeros en los próximos años.
La legislación de la Unión Europea exige que al menos el 50?% de la propiedad de una aerolínea provenga de ciudadanos o entidades de un Estado miembro. Expertos, como el profesor Jai?Nanwani, sugieren que Musk podría intentar eludir esta norma mediante un testaferro, aunque ello implicaría complejidades legales.
Si bien la amenaza de compra parece, en gran medida, una provocación mediática, la capacidad financiera de Musk y la rentabilidad de Ryanair hacen que la hipótesis no pueda descartarse por completo. El episodio subraya cómo las redes sociales se convierten en un escenario de presión y negociación en el mundo corporativo contemporáneo.
Fuente: La Vanguardia