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La tragedia de la fiebre amarilla de 1871 que paralizó Buenos Aires

27/01/2026 05:11 • ACTUALIDAD • ACTUALIDAD

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Hace 155 años la capital argentina vivió la peor epidemia de su historia: la fiebre amarilla, conocida como el “vómito negro”. Entre enero y mayo de 1871 murieron miles, se cerraron calles y se construyó un tren fúnebre para transportar los cuerpos al cementerio de la Chacarita. Este artículo repasa los hechos, cifras y el legado de aquel calvario.

Antecedentes y llegada del virus

En los últimos años de la década de 1860 el mosquito Aedes aegypti ya había sido identificado como transmisor de la fiebre amarilla, aunque la autoridad sanitaria de la época desconocía su papel. La enfermedad se propagó desde Brasil y la provincia de Corrientes, llegando al puerto de Buenos Aires a principios de 1871.

Inicio oficial de la epidemia

Se fija el 27 de enero de 1871 como la fecha de comienzo de la epidemia, cuando tres cadáveres fueron encontrados en el barrio de San Telmo. No obstante, los primeros casos aparecen días antes: el 21 de enero la familia Bignollo falleció en la vivienda de Cochabamba 113, lo que los policías de la comisaría 14° identificaron como fiebre amarilla.

Reacción de autoridades y población

Inicialmente las autoridades intentaron negar la gravedad del brote, manteniendo los carnavales y la exposición nacional programada para marzo. Pronto, sin embargo, se cerraron escuelas, la Universidad de Buenos Aires y se prohibieron los bailes de disfraces. El gobernador de la provincia, Emilio Castro, habilitó albergues para los más vulnerables y muchos inmigrantes abandonaron la ciudad en busca de refugio.

El caos sanitario

Buenos Aires contaba con una red de salud prácticamente inexistente: sin pavimento, sin agua corriente y con gran cantidad de aljibes contaminados. Los conventillos y barracas estaban superpoblados, lo que facilitó la transmisión. Solo 160 médicos se quedaron en la ciudad, recibiendo un sueldo de 10?000 pesos mensuales (pagado por la Cuenta Especial de Gastos de la Epidemia) hasta mediados de junio.

El “tren fúnebre” y la solución de los entierros

Ante la falta de carrozas fúnebres (solo 40 disponibles), la municipalidad reclutó vagones de basura y otros vehículos. El ingeniero francés Augusto?Ringuelet construyó en tiempo récord una vía férrea de seis kilómetros que unía el centro con el nuevo cementerio de la Chacarita. La locomotora La Porteña arrastraba vagones con cuerpos cubiertos de lona negra y, al final del tren, un vagón para los familiares. El maquinista John Allan, inglés de Liverpool, murió de fiebre amarilla al tercer día de servicio.

Cifras y alcance de la tragedia

El pico de mortalidad se registró el 13 de abril de 1871, con 501 fallecimientos en un solo día. La tasa de mortalidad de la ciudad, que entonces albergaba alrededor de 200?000 habitantes, fue del 7?%, lo que implica aproximadamente 10?040 muertes. En total se enterraron 10?044 cuerpos en el cementerio del Sud (actual Parque?Ameghino) y muchos más en la Chacarita, cuyo primer inhumado fue el albañil Manuel Rodríguez.

Fin de la epidemia y legado

El último registro de fallecimiento se dio el 24 de mayo de 1871, cuando el español Pedro?García, de 50 años, murió en San Telmo. La epidemia dejó alrededor de 600 cuerpos sin enterrar en el momento de la apertura de la Chacarita y provocó la creación de la Comisión Popular de Salud Pública, que realizó desalojos y fogatas en barrios como San Telmo para intentar frenar la enfermedad.

Esta tragedia marcó un antes y un después en la sanidad pública de Buenos Aires, impulsando reformas estructurales que, décadas después, mejorarían las condiciones de vida de sus habitantes.

Fuente: Infobae

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