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29/01/2026 03:07 • ACTUALIDAD • ACTUALIDAD
Del 27 al 29 de enero de 2026 el Tecnológico de Monterrey acogió la onceava edición del IFE Conference, el congreso anual que reúne a académicos, responsables de políticas y líderes de la industria para debatir el futuro de la educación superior. Entre los paneles más esperados, Ticmas entrevistó a Michael Fung, director ejecutivo del Instituto para el Futuro de la Educación (IFE), y a Mercedes Mateo Díaz, jefa de la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Fung sostuvo que el desafío de las universidades no es sólo mantener su relevancia, sino expandir su alcance. “Tenemos un enorme acervo de conocimientos generado por la investigación; la cuestión es trasladarlo a curricula que ofrezcan competencias específicas y accesibles”, explicó. Para él, la clave es transformar a la universidad en un centro de aprendizaje permanente, capaz de atender a estudiantes tradicionales y a aquellos que combinan estudio y trabajo.
Mateo Díaz destacó la diferencia entre dos tipos de habilidades: las anidadas, que se construyen sobre una base sólida de pensamiento crítico, empatía y análisis de contextos; y las técnicas, que son específicas de una herramienta o proceso. Según la experta, los empleos mejor remunerados son aquellos que requieren habilidades anidadas, no simplemente técnicas.
En la era de la inteligencia artificial generativa, los “trabajos de tarea única” pueden ser automatizados rápidamente. En contraste, los "trabajos desordenados" (messy jobs) demandan la capacidad humana de integrar información de ámbitos sociales, políticos y económicos para resolver problemas complejos. “Esa competencia global se adquiere en la universidad”, afirmó Mateo Díaz.
Estos "power skills" son los que, según los panelistas, deben estar en el núcleo de los programas universitarios para que los graduados sigan siendo relevantes en un mercado laboral dominado por la IA.
Ambos expertos coincidieron en que la universidad necesita formatos más flexibles: microcredenciales, modalidades híbridas, reconocimiento de aprendizajes previos y soporte emocional. La idea es que cualquier persona, sin importar su edad o situación laboral, pueda acceder a la formación necesaria para reinventarse a lo largo de su vida.
La respuesta rápida a la pregunta “¿todavía vale la pena estudiar en la universidad?” es un rotundo **sí**. La universidad debe reinventarse, pero sigue siendo el espacio donde se forman las habilidades humanas que la inteligencia artificial no puede replicar. La apuesta es clara: pasar de ser una institución de transmisión de conocimientos a convertirse en un ecosistema de aprendizaje permanente, abierto, inclusivo y orientado al futuro.