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01/02/2026 02:03 • INTERNACIONALES • INTERNACIONALES
El 11 de enero de 2026, la alfombra roja de los Globos de Oro brilló con luces y glamour, pero el micrófono permaneció en silencio. Actores y actrices celebraron carreras, moda y streaming, sin mencionar conflictos internacionales, líderes políticos ni crisis como la venezolana.
En décadas anteriores, la ceremonia ha sido punto de referencia para la protesta: en 1973, Marlon?Brando envió a Sacheen Littlefeather para denuncinar el trato a los pueblos indígenas; en 2003, Michael?Moore utilizó el Oscar para cuestionar la guerra de Irak; y a mediados de los 2000?s, los monólogos de Ricky?Gervais apuntaban la hipocresía política de las élites. Estos momentos mostraban que Hollywood había adoptado un rol activo dentro del "poder suave" estadounidense.
El silencio no parece casual. Coincide con la segunda administración de Donald?Trump, caracterizada por un "poder duro" que combina fuerza económica, coercitiva y militar. La ausencia de críticas podría interpretarse como cautela frente a un entorno donde el costo de expresar opiniones se ha elevado.
Algunas celebridades portaron broches que aludían a la represión de la ICE contra migrantes, pero estos símbolos fueron la única referencia política visible, relegada a los márgenes del evento.
El silencio se mantendrá o revertirá en los próximos eventos: los Grammy Awards, programados para el 1 de febrero de 2026, y los Premios Oscar, previstos en marzo. La industria está en una encrucijada entre seguir el cauce prudente o volver a incomodar desde el escenario.
Hollywood parece haber cambiado de táctica: en lugar de seducir y persuadir, ahora parece preferir la discreción ante un poder que ya no busca consensos culturales. El mensaje implícito es que la fuerza no necesita ser seducida; el silencio, a su vez, comunica una nueva realidad.