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11/02/2026 19:07 • Actualidad
El cometa 3I/ATLAS, descubierto en julio de 2025, es solo el tercer objeto interestelar confirmado que ha cruzado nuestro Sistema Solar, después de Oumuamua y 2I/Borisov. Su trayectoria hiperbolica indica que no está ligado gravitacionalmente al Sol y que proviene de una región distante de la Vía Láctea.
El satélite SPHEREx (Spectro?Photometer for the History of the Universe, Epoch of Reionization and Ices Explorer) se dedica a mapear el cielo en luz infrarroja. Esta longitud de onda permite identificar firmas moleculares que son invisibles en óptico, como las de vapor de agua y compuestos orgánicos.
Dos meses después del paso más cercano al Sol (perihelio), SPHEREx capturó imágenes de 3I/ATLAS mientras se dirigía de regreso al interior del Sistema Solar. Las observaciones revelaron una «coma» brillante y una cola en forma de pera, compuesta de polvo y gas expulsado por el cometa.
El análisis espectral indicó la presencia de vapor de agua (H?O), dióxido de carbono (CO?) y una variedad de moléculas orgánicas complejas, entre ellas compuestos de metano y cianuro. La liberación de estos gases fue particularmente intensa, reflejándose en un notable aumento del brillo del cometa durante su salida.
Los cometas locales también contienen hielo de agua y CO?, pero el hecho de detectar estos componentes en un cuerpo de origen interestelar abre una ventana única para comparar la química de sistemas planetarios diferentes. Los científicos creen que la composición de 3I/ATLAS podría aportar pistas sobre la distribución de los materiales esenciales para la formación de planetas – y potencialmente para la vida – en la galaxia.
Los datos fueron publicados el 4 de febrero de 2026 en la revista Research Notes of the AAS, ofreciendo la primera descripción detallada del polvo y las moléculas de este cometa a más de 30 millones de kilómetros del Sol.
Una vez que 3I/ATLAS abandone el Sistema Solar, será imposible observarlo nuevamente hasta que, si su órbita lo permite, regrese en escalas de tiempo de cientos de miles de años. Mientras tanto, los astronomos continúan monitoreando su evolución con telescopios terrestres y espaciales para entender mejor los procesos de sublimación que impulsan la actividad cometaria a grandes distancias del Sol.