18/02/2026 15:39 • Tecnologia
Un estudio pionero analizó resonancias magnéticas de 26 astronautas y descubrió que el cerebro se desplaza hacia arriba y hacia atrás dentro del cráneo en microgravedad. Los cambios, que pueden superar los 2 milímetros, plantean interrogantes cruciales para futuras misiones de larga duración como las proyectadas para Marte.
Un descubrimiento que redefine los límites de la exploración espacial
Viajar al espacio no es solo una hazaña tecnológica, sino también un desafío biológico extraordinario. Un revolucionario estudio publicado en la prestigiosa revista
PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) ha revelado que el cerebro de los astronautas sufre desplazamientos y deformaciones estructurales tras estancias prolongadas en microgravedad, un hallazgo que podría tener implicaciones significativas para las futuras misiones de la
NASA hacia Marte y más allá.
La investigación, liderada por
Rachael Seidler, profesora de Fisiología Aplicada y Kinesiología en la Universidad de Florida, y
Tianyi Wang, estudiante de posgrado en la misma institución, fue divulgada a través de
The Conversation y ha captado la atención de la comunidad científica mundial.
¿Qué es la microgravedad y por qué afecta al cerebro?
Para comprender este fenómeno, es fundamental entender qué es la
microgravedad. En la Tierra, la gravedad ejerce una fuerza constante que empuja todos los fluidos corporales, incluido el cerebro, hacia abajo. En el espacio, esta fuerza prácticamente desaparece, creando un entorno donde los líquidos se redistribuyen de manera radical.
En condiciones normales, el cerebro, el
líquido cefalorraquídeo (el fluido que protege el sistema nervioso) y los tejidos circundantes mantienen un equilibrio estable dentro del cráneo. Sin embargo, en microgravedad, este equilibrio se rompe: sin el tirón gravitatorio terrestre, el cerebro literalmente "flota" y queda sometido a presiones diferentes ejercidas por los tejidos blandos y el propio hueso craneal.
Metodología: un análisis sin precedentes
El equipo de investigación analizó
resonancias magnéticas de 26 astronautas que habían pasado desde unas pocas semanas hasta más de un año en la Estación Espacial Internacional (ISS). A diferencia de estudios anteriores que trataban el cerebro como una estructura única, este equipo dividió el órgano en
más de 100 regiones diferenciadas para rastrear el movimiento de cada una por separado.
Los investigadores alinearon con precisión las imágenes del cráneo tomadas antes y después del vuelo espacial, lo que permitió medir el desplazamiento real del cerebro en relación con el cráneo, no solo en términos absolutos.
Resultados: cambios milimétricos con impacto significativo
El patrón descubierto fue inequívoco: tras el regreso a la Tierra, el cerebro de los astronautas se había movido sistemáticamente
hacia arriba y hacia atrás dentro del cráneo. Además, la magnitud del desplazamiento aumentaba proporcionalmente con el tiempo pasado en órbita.
Uno de los hallazgos más sorprendentes provino de astronautas que permanecieron cerca de
un año en la Estación Espacial Internacional: algunas áreas situadas en la parte superior del cerebro se desplazaron
más de 2 milímetros. Aunque pueda parecer una distancia mínima, dentro del espacio extremadamente limitado del cráneo representa un cambio biomecánico significativo.
Las zonas relacionadas con el
movimiento y la percepción sensorial fueron las que mostraron los desplazamientos más pronunciados. Curiosamente, ciertas estructuras de ambos hemisferios tendieron a aproximarse a la línea media, moviéndose en direcciones opuestas y compensándose entre sí, lo que explicaría por qué estudios previos que analizaban el cerebro como un todo no habían detectado estos cambios.
Recuperación: ¿el cerebro vuelve a la normalidad?
La buena noticia es que la
mayoría de los desplazamientos y deformaciones tienden a revertirse gradualmente durante los seis meses posteriores al regreso a la Tierra. Sin embargo, el movimiento hacia atrás mostró una recuperación menor, probablemente porque la gravedad terrestre tira hacia abajo pero no hacia adelante.
Los investigadores observaron que mayores desplazamientos en regiones relacionadas con el procesamiento sensorial se asociaban con cambios en el equilibrio tras el vuelo. No obstante, los astronautas no presentaron síntomas evidentes como dolores de cabeza o niebla mental vinculados directamente a estos cambios cerebrales.
Implicaciones para el futuro de la exploración espacial
Este descubrimiento cobra especial relevancia en un momento en que la NASA proyecta misiones cada vez más prolongadas. El programa
Artemis, que planea llevar humanos a la Luna y eventualmente a Marte, requerirá estancias en el espacio considerablemente más largas que las actuales misiones en la ISS.
Comprender cómo responde el cerebro humano a la microgravedad es esencial para:
- Diseñar misiones más seguras
- Anticipar posibles riesgos fisiológicos a largo plazo
- Desarrollar contramedidas efectivas
- Evaluar la viabilidad de viajes tripulados a Marte
Los autores del estudio subrayan que sus resultados no constituyen una advertencia contra los viajes espaciales, sino una pieza más del complejo rompecabezas de la fisiología humana en el espacio. En una era de exploración renovada, donde el turismo espacial deja de ser ciencia ficción, cada detalle cuenta.
Referencia científica
El estudio completo fue publicado en PNAS bajo el título "Brain displacement and nonlinear deformation following human spaceflight" (Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 123 (3) e2505682122, https://doi.org/10.1073/pnas.2505682122, 2026), y representa un avance significativo en nuestra comprensión de los efectos del espacio en el cuerpo humano.