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21/02/2026 08:03 • Entretenimiento
Daniel Genovesi tenía 16 años cuando sintió el llamado a ser sacerdote. Mercedes Tarragona corría detrás de un grupo de monjas a los 13 años convencida de que esa era su vocación. Lo que ninguno imaginó era que el amor los cruzaría y cambiaría sus vidas para siempre. Treinta años después de haber dejado la Iglesia católica, reconstruyen su historia de amor, culpa y redención.
Originario de Venado Tuerto, Santa Fe, ingresó al seminario en 1981, cuando cursaba el secundario. Su padre, un hombre de campo que solo había completado sexto grado, le dio una lección de libertad: "Lo que elegiste no es de mi agrado, pero tampoco es malo. Andá y probá".
Fue ordenado sacerdote el 12 de octubre de 1990 en la catedral de Venado Tuerto, a los 26 años. Comenzó a trabajar en la diócesis dando clases y coordinando la pastoral juvenil.
Nacida en Gualeguaychú, Entre Ríos, su vínculo con la fe comenzó el día de su nacimiento. Tras un parto complicado, su madre se encomendó a la Virgen de la Merced y prometió que su hija le pertenecería.
A los 17 años tomó los hábitos y se mudó a Avellaneda, Buenos Aires, donde su congregación tenía un colegio.
La primera vez que se vieron fue una tarde de mayo de 1991, en una fiesta parroquial en Firmat, un pueblo a 60 kilómetros de Venado Tuerto. Él tenía 26 años; ella 22. Apenas se miraron.
Poco después volvieron a cruzarse en otro encuentro parroquial. Empezaron a charlar y él le propuso trabajar juntos en proyectos con jóvenes. En el camino, sin darse cuenta, se enamoraron.
"Vivíamos tan regulados por el deber ser que frente a cualquier emoción enseguida le encontrábamos un lugar. Nuestra formación era: la cabeza por encima del corazón" — recuerda Mercedes.
El 3 de enero de 1992, durante un viaje de misión a Rufino, Santa Fe, ocurrió el primer contacto físico. Mientras rezaban en grupo, pusieron las manos sobre la mesa y la de Daniel quedó arriba de la de Mercedes. Él movió apenas el dedo meñique, acariciándola. Ella lo sintió y se lo permitió.
Las monjas comenzaron a cuestionarla por su relación con el padre Daniel. La sometieron a la "ley de hielo": nadie le hablaba. Finalmente fue trasladada a otro convento.
Después de 10 años como monja, decidió dejar los hábitos. La salida fue traumática:
"Me metieron en una habitación y me dijeron: 'Sacate el hábito y devolvé todo lo que no es tuyo'. Me fui sin un abrazo, sin una bendición, sin un beso. Como si tuviera lepra".
Cuando intentó hablar de sus sentimientos con superiores, no encontró espacio. El obispo intentó manipular la situación: le ofreció dinero a Mercedes para que se apartara y propuso relocalizarlos en el Sur a cambio de ocultar su historia.
Daniel dejó el sacerdocio en noviembre de 1993, comunicando su decisión al obispo con firmeza: "Voy a seguir el camino del amor con Mercedes y dejar el ministerio sacerdotal".
| Fecha | Tipo de ceremonia | Detalles |
|---|---|---|
| 13 de noviembre de 1993 | Ceremonia íntima | En un departamento alquilado en Venado Tuerto, frente a un crucifijo, con dos testigos. |
| 15 de abril de 1994 | Casamiento civil | Cuando Mercedes quedó embarazada de su primera hija. |
| 21 de julio de 2001 | Iglesia Anglicana | En el barrio porteño de Belgrano, con sus dos hijas presentes. |
Tienen dos hijas: María Carla (30 años) y Camila (27 años). El camino no fue fácil: el primer bebé nació prematuro y murió a las dos horas. "Algunos dijeron que había sido un castigo de Dios", cuenta Mercedes.
Comenzó a acercarse a la Iglesia Anglicana siete años después de dejar Venado Tuerto. Fue párroco en Hurlingham y luego obispo en Uruguay. Hoy trabaja en la diócesis episcopal de Emporia y en la parroquia Saint Andrew's en Kansas, Estados Unidos.
Es autor de siete libros, incluyendo "Querido hermano" y la novela autobiográfica "El silencio de los ángeles".
En marzo de 2013, una semana después de que Francisco asumiera, Daniel le escribió una carta expresando el dolor de los ex sacerdotes: "Parecemos leprosos".
El Papa respondió meses después: "Lo que exponés es real y lo recibo como un llamado de Dios a plantear el problema y buscar caminos".
Mercedes se define como una persona espiritual. Trabaja como counselor y armó un círculo de mujeres orientado al desarrollo personal en Emporia. Colabora con la Iglesia Anglicana en actividades con mujeres.
"Lo valioso de este lugar es que alguien puede servir un tiempo y después retirarse a hacer otra cosa sin que eso sea visto como una traición. Se respetan los ciclos de la vida".
Daniel, hoy de 61 años, y Mercedes, de 57 años, viven en Emporia, Kansas, Estados Unidos.
Él reflexiona sobre el concepto de "amor imposible" que describe en su novela: "Después de treinta y pico de años de juntos, puedo decir que muchas veces lo imposible en el amor se hace posible. Lo importante no es que algo dure para siempre, sino que uno pueda ser fiel a lo que siente".
Su mensaje final: hay que tratar de ser plenamente humanos.
Fuente: Infobae