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21/02/2026 14:31 • Actualidad
En una era dominada por pantallas y dispositivos electrónicos, la ciencia viene a confirmar una verdad que muchos intuían: la naturaleza es uno de los mejores aliados para el desarrollo cognitivo y emocional de los niños. Estudios recientes demuestran que los pequeños que disfrutan diariamente de espacios naturales antes de los 2 años presentan un desarrollo cognitivo superior y una salud mental más robusta.
| Beneficio | Porcentaje de mejora |
|---|---|
| Capacidad de concentración | +25% |
| Reducción de síntomas de TDAH | Significativa y progresiva |
| Mejora en funciones ejecutivas a los 4 años | Notable |
| Reducción de cortisol (estrés) | Amortiguador biológico |
Ana Julià, directora del Montessori Palau International Research and Training Center (MIRTC), explica que "en estos tiempos que los educadores constatamos que muchos niños únicamente consiguen mantener atención ante pantallas y dispositivos electrónicos, las mejoras constantes en la atención que reporta la literatura científica cuando los niños tienen contacto habitual con espacios verdes viene a confirmar una intuición muy natural".
El estudio de Qingyang Li publicado en Biological Psychiatry (2026) confirmó que la exposición continuada a espacios verdes actúa como un amortiguador biológico que reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Esto se traduce en mejor salud mental y bienestar emocional desde la infancia hasta la adolescencia.
Niños expuestos a naturaleza antes de los 2 años muestran funciones ejecutivas más sólidas a los 4 años.
Menor activación del sistema nervioso y mayor equilibrio emocional ante presiones diarias.
Niños en escuelas con más espacios verdes muestran reducción significativa de la falta de atención.
Mayor actividad física y mejor peso corporal en niños con acceso regular a espacios verdes.
El terreno irregular y las texturas naturales obligan al cerebro a planificar y tomar decisiones continuas.
Fortalecimiento de la capacidad de autorregulación y autocontrol desde edades tempranas.
El verde modifica la estructura física del cerebro durante la adolescencia en áreas clave.
Formulada en la década de 1980, esta teoría científica explica que la atención se agota en entornos con exceso de estímulos (como ciudades o pantallas), mientras que la naturaleza ayuda a "recargarla" porque atrae la atención de forma suave, sin exigir esfuerzo constante.
La investigadora Amanda Fernandes añade que la clave está en la "estimulación sensorial y motriz que ofrece la naturaleza", y que durante los primeros años de vida, cuando el cerebro tiene mayor plasticidad, los entornos naturales ofrecen retos que fortalecen las conexiones neuronales.
"Es responsabilidad de las escuelas y las familias ofrecer estas experiencias de manera regular y no excepcional. Menos exposición a pantallas y más experiencias en la naturaleza. Llevar a los hijos al parque no es solo ocio, es una inversión directa en su arquitectura cerebral y su futuro académico."
— Ana Julià, directora del MIRTC