22/05/2026 21:19 - Internacionales
Bosque de cedros japoneses liberando nubes densas de polen blanco durante la primavera en Japón, con montañas y ciudades modernas al fondo, iluminación cálida de atardecer
Cada primavera, las calles de Tokio, Osaka y otras ciudades japonesas se llenan de personas usando mascarillas. No es por contaminación ni por pandemias: es por el polen. El 43% de la población japonesa sufre de fiebre del heno, una cifra muy superior al 26% del Reino Unido o al 12-18% de Estados Unidos. La causa de esta crisis sanitaria tiene un origen insospechado: las decisiones tomadas hace más de 70 años.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón recurrió a sus bosques como combustible ante la escasez de petróleo y gas. Las montañas que rodeaban ciudades importantes quedaron prácticamente desprovistas de árboles, lo que generó problemas de erosión, deslizamientos de tierra e inundaciones.
También conocida como rinitis alérgica, es una reacción del sistema inmunológico al polen de árboles, pastos o malezas. Los síntomas incluyen estornudos, picazón en los ojos, congestión nasal y fatiga. Puede causar insomnio, dificultad para concentrarse y aumentar el riesgo de asma y alergias alimentarias.
En las décadas de 1950 y 1960, el gobierno japonés lanzó un proyecto de reforestación masiva. La solución elegida fue plantar extensas áreas con solo dos especies autóctonas de crecimiento rápido:
Estas plantaciones cubren hoy 10 millones de hectáreas, aproximadamente una quinta parte del territorio japonés. El problema es que ambas especies producen grandes cantidades de polen ligero que se dispersa fácilmente hacia las ciudades.
US$ 1.600 millones
Costo diario por bajas laborales y reducción del consumo durante la temporada de alergias
68%
Del territorio está cubierto de bosques, siendo uno de los países industrializados con mayor superficie forestal
Los árboles de sugi y hinoki alcanzan su máxima producción de polen a los 30 años de edad, momento en que prácticamente todos los ejemplares plantados en la posguerra llegaron a esta etapa. Además, el cambio climático está adelantando la temporada de polen, como ocurrió en 2025 cuando Japón experimentó su dispersión más temprana de la historia.
La situación es tan grave que en 2023, Japón declaró las alergias como problema social nacional y estableció un plan para reducir el polen en un 50% en 30 años, reduciendo en un 20% las áreas forestales de sugi.
| Iniciativa | Ubicación | Descripción |
|---|---|---|
| Reforestación diversa | Kobe | Conversión de 180 hectáreas de plantaciones en bosques naturales de hoja ancha en 15 años |
| Economía forestal | Nishiawakura | Reducción del 84% de bosques de monocultivo, usando madera para calefacción y productos |
| Praderas mixtas | Prefectura de Gumna | Transformación de 10.000 hectáreas en praderas y bosques mixtos de hoja caduca |
La ciudad de Kobe ya observa resultados: han regresado tejones, tortugas de estanque, ranas e insectos raros. Los árboles talados se utilizan para calefacción, muebles y carbón vegetal japonés.
Los bosques de sugi capturan casi la mitad del carbono que los bosques japoneses absorben cada año. Japón depende de esta captura para cumplir sus objetivos de cero emisiones netas. Sin embargo, desde 2004 la cantidad de carbono absorbido disminuye porque los árboles viejos absorben menos carbono. La tala selectiva y replantación con especies más jóvenes y diversas será esencial.
Antes de la década de 1960, Japón ni siquiera tenía una palabra para la fiebre del heno. La polinosis del cedro japonés se identificó por primera vez en 1963. Los investigadores de la época la consideraron una enfermedad nueva en el país.
Fuente: BBC Future
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones