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04/11/2025 11:08 • SOCIALES • SOCIALES
Investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba analizaron la evolución de los efectos del alcohol en una cohorte de adultos entre 20 y 70 años. A lo largo de más de una década, se recopilaron datos sobre consumo habitual, episodios de binge drinking (consumo excesivo en cortos periodos) y la aparición de problemas de salud física y mental.
En los adultos jóvenes, el alcohol mostró una fuerte asociación con trastornos de salud mental, como ansiedad y depresión, además de un mayor riesgo de conductas de riesgo (accidentes de tránsito, violencia). Los episodios de binge drinking incrementaron la probabilidad de deterioro cognitivo temprano y de insomnio.
Al llegar a la mediana edad, el patrón de daño se desplazó. Aunque los problemas mentales permanecen, comenzaron a aparecer afecciones físicas: hipertensión, alteraciones lipídicas y problemas hepáticos incipientes. El consumo moderado (una o dos bebidas diarias) mostró una relación menos clara con beneficios cardiovasculares, y el riesgo aumentó cuando el consumo superó los límites recomendados (más de 14 unidades semanales para hombres y 7 para mujeres).
En la población senior, el alcohol se vinculó principalmente con enfermedades crónicas: cirrosis, cáncer gastrointestinal, deterioro cognitivo y caídas. La capacidad de metabolizar el alcohol disminuye con la edad, lo que agrava los efectos de dosis equivalentes que antes eran tolerables.
Los hallazgos subrayan la necesidad de políticas adaptadas a la edad: campañas de prevención enfocadas en la salud mental para jóvenes, y programas de detección temprana de enfermedades crónicas para adultos mayores. Asimismo, se sugiere que los profesionales de la salud consideren la edad al aconsejar límites de consumo y al evaluar riesgos asociados.