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30/11/2025 00:18 • POLITICA • POLITICA
El análisis, publicado por La Nación, detalla un conjunto de movimientos estratégicos de las Fuerzas Armadas rusas que buscan consolidar su capacidad de observación y respuesta en Europa.
Rusia ha modernizado y multiplicado sus estaciones de inteligencia de señales (SIGINT) en el enclave de Kaliningrado, incorporando equipos de intercepción de comunicaciones de última generación. Estas instalaciones permiten captar emisiones civiles y militares en toda la cuenca del Báltico y parte del norte de Polonia.
Desde principios de 2024, el gobierno bielorruso y el Ministerio de Defensa ruso han convertido el aeródromo de Cherykaw en una base operativa para aviones de combate Su?30 y bombarderos tácticos Su?34. La ubicación estratégica permite a Moscú proyectar poder aéreo a menos de 150?km de la frontera polaca.
Se han habilitado nuevos campos de entrenamiento en la región de Smolensk y en la zona de Vitebsk, donde se realizan ejercicios conjuntos con tropas del Grupo de Fuerzas de la OTAN?Rusia. Los ejercicios incluyen maniobras de artillería de largo alcance y simulacros de guerra electrónica.
Los gobiernos de Polonia, Lituania y los países bálticos han solicitado a la OTAN una mayor presencia de fuerzas aliadas en la zona, argumentando que la expansión rusa vulnera el equilibrio estratégico y aumenta el riesgo de incidentes militares. La Comisión de Defensa de la UE ha convocado una reunión de emergencia para debatir posibles respuestas, que podrían incluir el refuerzo de sistemas de alerta temprana y la expansión de la infraestructura de defensa antiaérea.
Desde la anexión de Crimea en 2014, Moscú ha buscado consolidar su zona de influencia en el este de Europa. El fortalecimiento de la infraestructura militar en Kaliningrado y Bielorrusia es una continuación de esa política, destinada a garantizar la capacidad de respuesta rápida frente a cualquier movimiento de la OTAN.
Analistas de seguridad consideran que, si bien el despliegue actual no constituye una amenaza directa de invasión, sí eleva la tensión estratégica y obliga a la alianza occidental a redoblar esfuerzos de vigilancia y coordinación. La evolución de este escenario dependerá de la diplomacia multilateral y de la capacidad de ambas partes para evitar una escalada accidental.