08/08/2026 10:23 - Sociales
Se enteró a los 6 años que tenía VIH y sufrió años de rechazo: su conmovedora historia de superación
Ailén Medina tenía apenas seis años cuando escuchó por primera vez la palabra VIH. El diagnóstico llegó tras un cuadro de fiebre y ganglios inflamados que la llevó al médico en su ciudad natal, Santa Rosa, La Pampa. Desde ese momento, su infancia dejó de ser la de una niña común: los controles médicos constantes, las enfermedades recurrentes y el aislamiento para no empeorar su salud se convirtieron en su cotidianidad.
Su contagio fue vertical, es decir, ocurrió durante el embarazo porque su mamá vivía con el virus. La mujer se había contagiado un año antes, pero nunca le informaron que existía el riesgo de transmitirlo durante la gestación, una negligencia que marcaría la vida de ambas para siempre.
La transmisión vertical del VIH es aquella que ocurre de madre a hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia. Sin tratamiento, la probabilidad de transmisión oscila entre el 15% y el 45%. Sin embargo, con acceso adecuado a antirretrovirales y seguimiento médico, el riesgo puede reducirse a menos del 2%. Por eso, el cribado universal de VIH en embarazadas es una práctica esencial recomendada por la OMS.
Los médicos decidieron iniciar el tratamiento antirretroviral cuando Ailén cumplió 10 años. Sin embargo, el primer medicamento le provocó una reacción alérgica severa que la mantuvo internada durante un mes. Por ese motivo, suspendieron la medicación y solo la retomó dos años después, al comenzar la pubertad.
Pese a las dificultades médicas, el mayor desafío no fue el tratamiento en sí, sino la violación de la confidencialidad de su diagnóstico. Por una negligencia, la información dejó de ser privada y se convirtió rápidamente en tema de conversación en el pueblo. A partir de allí, comenzaron las burlas, el aislamiento y el miedo infundado.
Ailén recordó con dolor cómo los propios adultos fueron quienes alimentaron el rechazo: “Eran los mismos adultos los que les decían a sus hijos que no se juntaran conmigo. Algunos tiraban el vaso del que yo había tomado, no querían compartir el mate y hasta escuchaba comentarios muy duros sobre mí”, relató.
El estigma también condicionó su vida afectiva desde muy joven. A su primera pareja le mintió durante tres años. Cuando le preguntó hipotéticamente si estaría con alguien con VIH, la respuesta fue devastadora: “No estaría ni loco, mirá si me contagia, es muy peligroso”. Esa respuesta le provocó ansiedad, ataques de pánico y despersonalización por guardar el secreto tanto tiempo.
Con su segunda pareja, la historia se repitió. Aunque al principio aceptó el diagnóstico con naturalidad, en una discusión final le espetó: “Te vas a morir por tu enfermedad”, un comentario que refleja la profundidad de la desinformación y el prejuicio.
La discriminación también alcanzó el ámbito laboral. Hace un año, en su último trabajo, sus compañeros crearon un grupo de WhatsApp sin ella llamado “Los sin sida”. Incluso, una compañera la insultó diciéndole “sidosa” durante una discusión. “Aunque estoy acostumbrada, me dolió muchísimo”, admitió.
El peso de tantas situaciones acumuladas la llevó al momento más difícil de su vida: en 2024, Ailén intentó quitarse la vida. Sentía que no podía soportar la carga de una realidad que nunca había elegido. Sin embargo, ese episodio también fue un antes y un después.
Tras aquel momento crítico, Ailén comprendió que no quería seguir viviendo bajo la sombra del VIH. Decidió transformar su experiencia en una herramienta para acompañar a otras personas, brindar información y generar conciencia.
“Estoy enfocada en ser una referente de mi comunidad. Es algo que me llena de orgullo y me tranquiliza. Lo hago por las personas que la están pasando mal. Porque somos personas y la discriminación y el rechazo duelen”, explicó con convicción.
Hoy, con 25 años, Ailén tiene un propósito claro: “A pesar de todo elijo vivir en plenitud, sigo con secuelas, la depresión no desapareció, pero tengo fe de que algún día voy a sanar”. Su mensaje es de esperanza: “Yo sé que entre todos podemos cambiar esto y salvar vidas que no se merecen seguir sufriendo”.
La desinformación sigue siendo uno de los principales motores del estigma. Aunque el acceso al conocimiento es mayor que hace algunos años, todavía persisten mitos que alimentan el miedo y la discriminación. Derribarlos no solo mejora la calidad de vida de quienes viven con VIH, sino que también evita situaciones de rechazo, aislamiento y violencia que, como muestra la historia de Ailén, siguen ocurriendo.
Fuente original: TN Sociedad - Por Georgina Borges (08/08/2026)
Alfredo S. Quiroga