El Gobierno de España ha solicitado formalmente a Rabat la revisión de los protocolos de altura de sus aeronaves no tripuladas tras un incidente que interfirió el aterrizaje de un vuelo comercial de Iberia. El episodio ocurre en un clima de fragilidad diplomática, marcado por disputas sobre la repatriación de inmigrantes y la gestión de la seguridad fronteriza en los enclaves españoles.

La seguridad operacional del aeropuerto de Melilla se vio comprometida el pasado martes, cuando un dron de vigilancia marroquí operó a una altura inferior a la habitual, interfiriendo directamente en las maniobras de aterrizaje de un vuelo de la aerolínea Iberia. El incidente fue detectado por la Torre de Control, que notificó la irregularidad a la Guardia Civil española.

Según fuentes oficiales de AENA, si bien no fue necesario el cierre del espacio aéreo ni se produjeron cancelaciones masivas, el evento generó demoras operativas y una alerta de seguridad en el espacio aéreo fronterizo. La Delegación del Gobierno en Melilla formalizó la solicitud de ajuste de altitudes el jueves 25 de septiembre, subrayando la necesidad de evitar interferencias en el tráfico civil.

Antecedentes: La fragilidad del eje Madrid-Rabat

Este incidente se inserta en un contexto de alta tensión geopolítica. Recientemente, el ministro marroquí Naser Burita ha señalado que la falta de devoluciones de inmigrantes desde Ceuta es responsabilidad de España por "obstáculos internos". A esto se suma el conflicto por la repatriación de menores y la crisis humanitaria en los asentamientos, calificando la situación como crítica. La relación bilateral, ya tensionada por el cambio de postura española sobre el Sáhara Occidental, muestra una vulnerabilidad donde la coordinación técnica en frontera se ve afectada por el clima político.

Vigilancia fronteriza y riesgo operativo

El despliegue del dron marroquí respondía a una labor de vigilancia intensificada debido a convocatorias en redes sociales que instaban a realizar cruces masivos de la frontera hacia territorio español. Esta respuesta de seguridad de Rabat, aunque justificada en su marco de control perimetral, colisionó con las normativas de aviación civil.

Miguel Marín, vicepresidente de Melilla y consejero de Turismo, manifestó su preocupación por el impacto que estas situaciones podrían tener sobre la conectividad aérea de la ciudad autónoma, un punto neurálgico para la economía y el abastecimiento de la zona.

Dato Geopolítico: El uso de drones en la zona del Estrecho y los enclaves es un punto de fricción constante, donde la seguridad nacional de Marruecos choca con la soberanía del espacio aéreo español.
Perspectivas Globales

La resolución de este incidente podría depender de la voluntad de Rabat de coordinar sus operaciones de vigilancia con las autoridades de AENA. Sería probable que, de persistir las tensiones por la gestión migratoria en Ceuta y Melilla, se produzcan nuevos roces operativos que estarían escalando la fricción diplomática. Quizás España debería proponer un protocolo de comunicación en tiempo real para evitar que la vigilancia fronteriza comprometa la seguridad de la aviación comercial.