28/07/2026 10:25 - Entretenimiento
El próximo 12 de agosto de 2026, un eclipse total de sol cruzará la península ibérica, un fenómeno que no ocurría hacía más de un siglo y que coincidirá con el pico de las lluvias de estrellas Perseidas. A lo largo de la historia, la humanidad ha mirado al cielo con asombro, y tanto artistas como cineastas han capturado esta magia para inmortalizarla en sus obras, pasando de la fantasía a la metáfora romántica y el suspenso.
La fascinación por la oscuridad repentina no es nueva. En el arte, los eclipses aparecen desde la antigüedad. Uno de los registros más antiguos es un grabado en piedra en un megalito en Irlanda, que dataría del año 3340 a. C.. Durante la Edad Media, el Sol y la Luna se incorporaron a las representaciones de la crucifixión para mostrar a Cristo como gobernante del cosmos, como se aprecia en el Evangeliario de Rábula (siglo VI).
Con el Renacimiento, la ciencia y el arte se fusionaron. El pintor florentino Taddeo Gaddi, discípulo de Giotto, sufrió una lesión ocular observando eclipses en la década de 1330, y plasmó esa experiencia en su 'Anunciación a los pastores'. Más adelante, Rafael incluyó un Sol eclipsado con su corona en 'Isaac y Rebeca espiados por Abimelec' (1519), siendo la primera vez que se pintaba la corona solar en una obra de arte. Años después, el artista estadounidense Howard Russell Butler demostraría una habilidad extraordinaria para pintar de memoria los eclipses de 1918, 1923, 1925 y 1932, logrando capturar la forma detallada de la corona solar.
El primer eclipse solar grabado por una cámara fue el del 28 de mayo de 1900, obra del británico John Nevil Maskelyne en Estados Unidos. Pocos años después, en 1907, Georges Méliès estrenó 'El eclipse: El cortejo entre el Sol y la Luna', la primera ficción que transformaba el fenómeno en una fantasía humorística y romántica donde los astros adquirían rasgos humanos.
La hazaña más espectacular la logró el director Richard Fleischer en 'Barrabás' (1961). Decidió rodar la escena de la crucifixión durante un eclipse solar total real, ocurrido el 15 de febrero de 1961 en la Toscana italiana. Sin posibilidad de repetir tomas, el director de fotografía Aldo Tonti capturó una intensidad visual inigualable en aquella época.
El conocimiento astronómico también ha servido como herramienta de supervivencia en la ficción. Basándose en la novela de Mark Twain, varias adaptaciones de 'Un yanqui en la corte del rey Arturo' muestran a un protagonista que usa un eclipse inminente para convencer a la corte medieval de que posee poderes mágicos. La versión más popular es la comedia musical de 1949 protagonizada por Bing Crosby, y hasta Bugs Bunny repitió el ingenioso truco en su versión animada de 1978.
En 2006, Mel Gibson utilizó este recurso en 'Apocalypto', donde un eclipse durante una ceremonia de sacrificio es interpretado por los sacerdotes mayas como una señal divina que cambia el destino del protagonista. Incluso el famoso periodista Tintín, en 'El Templo del Sol' (1970), amenaza con oscurecer el sol ante los incas para salvar su vida y la de sus amigos.
El eclipse como metáfora de amor alcanza su cumbre en 'Lady Halcón' (1985), donde dos amantes maldecidos pueden encontrarse en forma humana solo durante 'el día sin noche y la noche sin día'. La saga 'Crepúsculo: Eclipse' (2010) también lo utilizó como símbolo central de su triángulo amoroso, mientras que Pedro Almodóvar en 'Matador' (1986) lo usó como bella metáfora visual de una pasión mortal.
Pero la oscuridad también trae miedo. En 'La pequeña tienda de los horrores' (1986), un rayo verde durante un eclipse crea una planta devoradora de humanos. En 'Pitch Black' (2000), un eclipse en un planeta con múltiples soles libera criaturas letales, y en 'Hellboy' (2004), de Guillermo del Toro, un eclipse lunar es clave para intentar abrir las puertas del infierno. En España, la película 'Verónica' (2017) ambienta su historia de terror en el célebre eclipse del 11 de julio de 1991, vinculándolo directamente al misterioso Expediente Vallecas.
Stanley Kubrick nos regaló una de las imágenes más icónicas en '2001: Una odisea del espacio' (1968), con la alineación del Sol, la Tierra y la Luna al ritmo de 'Así hablo Zaratustra' de Richard Strauss, demostrando que, más de un siglo después de Méliès, el cine sigue encontrando en los eclipses una fuente incomparable de misterio y fascinación.
Alfredo S. Quiroga