A cinco años del regreso de los talibanes al poder, la UNESCO advierte que 2,4 millones de niñas afganas están excluidas de la educación secundaria. Pese a este duro escenario, historias de resiliencia como la de Karishma mantienen viva la esperanza de que los derechos serán restablecidos y la luz del conocimiento regresará a Afganistán.

El impacto de cinco años de prohibiciones

Según informó la UNESCO en un comunicado divulgado el 11 de agosto de 2026, Afganistán se ha convertido en el único país del mundo que prohíbe formalmente a las niñas y mujeres acceder a la educación secundaria y superior. Cinco años después de que los talibanes recuperaran el poder en 2021, se estima que 2,4 millones de niñas han sido impedidas de asistir al colegio secundario, una cifra que representa un aumento de 200.000 niñas respecto al año anterior y un millón más que la estimación de 2024.

El régimen, que prometió inicialmente a la comunidad internacional respetar los derechos educativos, cerró los centros de enseñanza secundaria para niñas en marzo de 2022 y prohibió el acceso a las universidades en diciembre de 2022, dejando a más de 100.000 jóvenes sin posibilidad de cursar estudios superiores. Las autoridades talibanas calificaron estas medidas como temporales, pero continúan vigentes bajo el argumento de respetar su interpretación de la ley islámica.

Cifras alarmantes y proyecciones a futuro

La UNESCO proyecta que si la prohibición continúa, casi 4 millones de niñas podrían quedar privadas de la secundaria para 2030. El impacto económico también sería devastador: se estima que 600.000 mujeres abandonarán el mercado laboral hacia 2066, generando una pérdida acumulada de ingresos de 9.600 millones de dólares.

Consecuencias en el sistema educativo

El sistema educativo afgano sufre un deterioro generalizado. Más de 2 millones de niños en edad de cursar primaria siguen sin escolarizar y el 90% de los menores de 10 años no puede leer un texto sencillo. Para 2030, se proyecta una escasez de más de 11.000 maestras cualificadas, lo que afecta la capacidad de recuperación del país. Además, desde 2021, más de 1.000 escuelas han cerrado debido a terremotos e inundaciones.

Karishma: la voz de la resiliencia y la esperanza

En medio de la adversidad, historias de valentía iluminan el camino. Según relató el diario El País, Karishma, una joven de 24 años que estudiaba Informática, vio su futuro interrumpido cuando los talibanes cerraron las universidades. Tras intentar proseguir sus estudios en Irán, fue interceptada en la frontera en tres ocasiones, argumentando las autoridades que las mujeres no pueden viajar al extranjero para estudiar sin un tutor masculino.

Mi sueño ha quedado aplazado, pero no ha desaparecido. Nuestra historia no es solo un relato de pérdida; también lo es de resiliencia, valor y esperanza.

Karishma, estudiante y activista afgana

Karishma se convirtió en activista para reclamar los derechos fundamentales arrebataros a las afganas, demostrando que el espíritu de miles de mujeres sigue vivo y dispuesto a luchar por un futuro mejor.

La respuesta de la comunidad internacional

Ante el cierre de las vías de educación formal, la UNESCO ha desarrollado programas comunitarios de alfabetización y formación en 20 provincias y más de 2.600 localidades. Desde 2021, cerca de 70.000 jóvenes han participado en estas iniciativas, de los cuales el 70% son niñas y mujeres. Para muchas, estas clases representan una fuente de dignidad y esperanza frente a la incertidumbre.

La agencia de la ONU reclama el restablecimiento inmediato e incondicional del derecho a la educación, sosteniendo que las mujeres afganas tienen derecho a aprender, a trabajar y a forjar su propio futuro. Con el apoyo de la comunidad internacional, la luz del conocimiento podría brillar nuevamente en las aulas de Afganistán.

Fuentes: El Destape, Infobae y El País.